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Por Manuel Alfonso Rincón (Historiador Local) |
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La historia de La Rinconada comienza con la formación del territorio que ocupa nuestro Término; esa formación tuvo lugar mediante el relleno del Lago Ligustino o Golfo Ligur que se abría en un anchísimo Guadalquivir que abarcaba desde el Algarbe portugués a las sierras de Jerez de la Frontera por el Oeste y, en profundo triángulo que aún se nota en los mapas geomorfológicos de Andalucía, hasta las cercanías de Córdoba; fue el grandioso aporte de sedimentos que bajaba el gran río desde las tierras de Jaén el primer factor de la desecación de ese territorio constituyendo el segundo el cambio que se produjo en el régimen de lluvias –desaparición progresiva de las tormentas constantes hasta llegar al clima Mediterráneo actual-, cambio que dejó reducido el río a dos o tres brazos uno de los cuales casi siempre fue el actual de los Vados de las Estacas y de Doña Luisa, otro el de la Madre vieja que todavía se nota, ya seco, paralelo a la carretera del Barrio y que es el límite con el término de Alcalá del Río, y un tercero que rodeaba y circulaba y serpenteaba y llenaba de gravas una zona del oeste del actual San José con lo que permitía que pudiera ser utilizado como lugar de habitación hasta ir formando un tell (una colina artificial) que, por estar situada en tiempos de los romanos camino adelante de la vía que salía de Sevilla hacia la villa de Macarius (Macarena), recibió el nombre de Cerro Macareno o Cabeza Macarena.
Y en aquel relativo promontorio -20 metros- sobre la llanura muchas veces arriada se instalaron los primeros habitantes de nuestro territorio –tartesios, iberos- dejando en el lugar un yacimiento arqueológico de indudable riqueza que ha sido excavado en distintas épocas y, sobre todo, desde 1970: singulares restos de cerámica, suelos de habitación, cenizas, monedas y restos alimenticios, muchos de los cuales, junto al extraordinario hallazgo de los restos fosilizados del prehistórico ‘elephas antiquus’, constituyen las principales muestras de nuestro Museo Arqueológico local.
Pero pronto, como por el otro lugar habitado del Término (el que ocupa el pueblo, destacado también un par de metros sobre el nivel de las aguas y de las posibles riadas) como por ese otro, decía, pasaba el camino que conducía a los Vados de las Estacas y de Doña Luisa y a la cada vez más importante ciudad de Ilipa Magna, ese otro fue el que se consagró como lugar permanente de habitación y centro de alquerías en los siguientes siglos de dominación de los mismos romanos, los visigodos y los musulmanes.