En el texto se presentaba “como un jugador de equipos que, aunque no marcara muchos goles, era un buen recuperador y pasador”.
El tiempo dirá hasta donde llega esta joven promesa, pero de lo que no cabe duda es del brillo que reflejaban sus ojos cuando escribía el mensaje y seguro que se imaginaba con la camiseta blanquiazul y el escudo de su equipo en el pecho.
Y ese sueño se convierte en realidad para muchos chavales de La Rinconada. Gracias al trabajo de la Junta Directiva y de un grupo de personas que prestan su tiempo al club, se posibilita a numerosos equipos de cantera competir cada fin de semana y disfrutar de la cara más pura y más bonita de este deporte.
El paso de los años decidirá cuáles triunfan en el fútbol y quienes lo hacen en otros aspectos de la vida, pero, sobre todo, en los más paqueños, nadie puede arrebatarles la ilusión de verse en un estadio lleno de gente coreando su nombre y marcando el gol en la jugada decisiva del envite.
Enhorabuena a todos esos trabajadores anónimos que permiten que se sigan contruyendo los sueños de muchos niños y se forjen sus ilusiones.