La elaboración de un mapa de ruidos facilitará la puesta en marcha de medidas correctoras
En su apuesta por el medio ambiente, el Ayuntamiento de La Rinconada aprobó en la última sesión plenaria -en fase inicial- el mapa de ruidos que contempla un estudio completo del estado real del municipio, así como un planteamiento de medidas correctoras a ejecutar, como vía para luchar contra la contaminación acústica.
En concreto, mediante esta iniciativa se realizará un diagnóstico general de los niveles de ruido y se definirán las áreas de sensibilidad acústica para establecer estrategias factibles.
Previamente, se ha realizado un estudio en las zonas urbanas del municipio que indica que el grado de contaminación acústica es tranquilo para el 82,7 por ciento de la población, poco ruidoso para el 14 por ciento, ruidoso para el 2,7 y muy ruidoso para el 0,6. Para las zonas más controvertidas se han previsto una serie de pautas, algunas de ellas ya en marcha, para disminuir los niveles de ruido.
En definitiva, tal y como apunta el delegado de Medio Ambiente, Cristóbal Blázquez, “se trata de una serie de importantes medidas que mejorarán el nivel acústico y redundarán de forma positiva en la vida diaria de los ciudadanos”.
Así, se limitarán actividades en determinadas zonas del municipio y han comenzado a colocarse pantallas sonoras en el corredor ferroviario de San José. También, se contempla que la autovía de acceso norte disminuya en un 60 por ciento el tráfico urbano en ambos núcleos de población, principalmente de vehículos pesados con destino a otros municipios.
Además, la avenida de La Unión permitirá una mayor reorganización del tráfico rodado, al tiempo que se potenciará el desplazamiento a pie y en bicicleta.
Nueva ordenanza para regular los ruidos
El Consistorio cuenta con una ordenanza municipal de protección contra ruidos y vibraciones desde el año 2000. A lo largo de este tiempo, se han ido incorporando una serie de normas para adaptarlas a la actual legislación.
Este documento, que se aprobó en sesión plenaria, tiene por objeto preservar el medio ambiente urbano frente a la contaminación acústica, que entraña molestias y riesgo para la salud.
De igual forma, se regulan diferentes áreas de sensibilidad acústica y las delimita en diversos niveles sonoros dependiendo de la gravedad.
En este sentido, se analizarán las actividades ruidosas en la vía pública, en el interior de los edificios o en las zonas residenciales, entre otras.
También, se contempla un capítulo dedicado a las infracciones y sanciones donde se regula el procedimiento sancionador.