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El Rinconada se reencuentra con la victoria tras doblegar al Pedrera en un encuentro que decantó Ávalos de penalti
Quizá en la Unión Deportiva Rinconada no
sea momento de valorar si el equipo ha hecho un buen partido o no. El equipo
del Leonardo Ramos entra en una fase decisiva de la temporada, donde el buen
juego se debe de dejar a un segundo plano para priorizar la recolecta de puntos
en una Primera Andaluza que se antoja frenética en la parte baja. En cuanto al
partido se refiere, ante un Pedrera en zona cómoda como visitante del Leonardo
Ramos, los pupilos de Dani Ruiz salieron valientes, con sed de victoria y
claramente volcados al ataque. Fruto de ello fue que se sucedieron múltiples
ocasiones que, de nuevo, como en anteriores compromisos, no remataron los
hombres de ataque. El problema de ansiedad que sufre la parte delantera
comienza a ser preocupante, ya que ni Luis, ni Kisko ni Cuevas están viendo
puerta y eso hace que el equipo no cierre los partidos, por muy buenas
ocasiones que cree.
De hecho, tuvo que ser un penalti por
mano el que decantara la balanza. Ávalos transformó la pena máxima que devolvía
esperanza y alegría a los suyos. A partir del gol, el Pedrera acogió su papel
de protagonista en los siguientes minutos. A pesar de ello, la portería de
Checa no sufrió en exceso, aunque en las pocas que tuvo el cuadro pedrereño, el
guardameta rinconero, con sangre fría, aguantó hasta atajar las ocasiones
visitantes. Por el contrario, Kisko tuvo dos clarísimas, de esas que es
más difícil fallar que materializar, que no acabaron finalmente en gol.
En la segunda mitad, fue el Rinconada el
que salió de nuevo con la batuta, aunque con poco peligro. Lo mejor del
encuentro fue que, durante 30 minutos, no pasó absolutamente nada. Poco fútbol,
lo que convenía a los intereses rinconeros en busca de tres puntos balsámicos,
al estar por delante en el marcador. Pero, como si de un símil de la temporada
se tratase, la victoria no sería tan fácil.
Durante los últimos compases el partido
se volvió loco: jugadas del Pedrera solo ante el portero, mano a mano del
Rinconada que no acierta... Sin duda, un partido propicio para sacar la
pastilla y ponerla debajo de la lengua. La situación se dramatizó aún más con
la expulsión de Ávalos, que dejó a los suyos con uno menos cuando menos podía
pasar. Finalmente, el Rinconada ganó, que es al fin y al cabo lo que importaba
tal y como estaba la situación. La ansiedad de gol de los hombres de arriba
empieza a preocupar, pero, al menos, el partido se ganó, lo que permite a los
rinconeros asomar la cabeza y, aun estando todavía en zona de descenso, sí poder
salir la próxima semana en otro duelo que dirimirá como local, ante un Bellavista
que, sin duda, venderá muy cara su derrota.
Iván Salgado