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2-1: Cree en la permanencia

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Meritorio triunfo del San José ante uno de los equipos más fuertes de su grupo, el Espeleño, tras un derroche de oficio y pundonor en el que sobresalieron Lora y Varona, con un gol y una asistencia cada uno, Lobo, que no marcó, pero hizo un trabajo brutal para impedir la salida del balón desde atrás de los cordobeses, Rubén, cuya vuelta tras la sanción en Las Cabezas se notó muchísimo, y, por encima de todos, Ismael, que salvó tres goles y fue un muro infranqueable para los de Juan Carlos Quero

Gran partido del un San José coral ante uno de los huesos de la categoría, como es el Atlético Espeleño de Juan Carlos Quero. Los cañameros se vaciaron durante todo el encuentro y, a pesar de la sensación de peligro y el miedo en el cuerpo de los aficionados cada vez que los cordobeses rondaban los dominios de Sebas, lo cierto es que las ocasiones más claras, allende los goles, fueron para los azulinos.

Sin Sabo en la convocatoria por problemas de espalda, el San José salió muy enchufado y, en los primeros compases se adelantó gracias a un desmarque de Lora que sirvió en bandeja a Varona para que empujara a la red a placer. Sin embargo, el gol dio paso a los mejores momentos visitantes. El Espeleño se adueño del balón y, aún sin ocasiones claras, sí daba la sensación de ser el dueño del partido ante un equipo que se replegó en exceso. En éstas, llegó el empate. Un balón suelo en la frontal lo cazó Figueroa que se sacó un zapatazo a la mismísima escuadra donde ni Sebas, ni el mejor portero del mundo, hubiera podido alcanzarlo.

Pero al contrario de lo que pudiera dejarse entrever por la situación de ambos equipos en la tabla, el San José retomó el control, volvió a dar un paso adelante y equilibró la contienda. El balón seguía siendo del Espeleño, pero lejos de la zona donde generaba peligro, un peligro que sí llevaba el San José cuando tenía espacios para que corriera Lora, un incordio constante. Y llegó el segundo gol. No fue en un contragolpe, sino a balón parado. Un córner botado por Varona al segundo palo que remató Lora de manera inapelable para devolver la ventaja a los locales. Y, de ahí al descanso, tocó sufrir, con un Espeleño que retomó el control, que se fue en busca de Sebas y que obligó al equipo, muy solidario durante todo el encuentro, a vaciarse por completo. Ismael hizo de valladar salvador, sacando un remate que parecía que se colaba y después cortando un balón que dejaba solo al delantero visitante en el mano a mano. Sufriendo, pero al término de los 45 minutos, el San José iba por delante en el marcador.

La segunda parte fue otra historia. Los cañameros sabían del valor de su botín y estaba dispuesto a morir por conservarlo. En los primeros compases apretaron los de Juan Carlos Quero, pero el San José vio un filón a la contra y le enseñó los dientes a su rival. Una internada de Lora, que sirvió a Lobo, pudo ser el tercero, pero el Pichichi no acertó a encontrar los tres palos de la meta de Sillero. Ismael tuvo que volver a ejercer de salvador del empate, pero el dominio ya no era tan claro del Espeleño, que se afanaba en jugar desde atrás y ahí aparecía Lobo para presionar como si no hubiera un mañana, dificultando muchísimo la salida del balón a su rival. Y, por si esto fuera poco, jugadores como Rubén se hacían enormes en el centro del campo y Otón y Juan crecían para imprimir más seguridad defensiva. Y Guti empezaba a tomar los mandos, dando pases con mucho sentido, abriendo huecos y dejando claro a los visitantes que no renunciaban, ni mucho menos al tercero. Che movió el banquillo, sacó a Guti cuando mejor estaba, pero el equipo no se resintió, porque todos se dejaban la piel por el compañero que estaba al lado. Sólo salió más relajado Noah, que duró quince minutos en el campo, el tiempo que tardó en cansarse el entrenador de su desidia y volvió a sacarlo del terreno de juego. El americano, lógicamente, se fue muy enfadado, pero es que no estuvo a la altura de sus compañeros.

A todo esto, Ennoury tuvo una clarísima para hacer el 3-1, pero remató fuera cuando se cantaba el gol. Al marroquí le falta definición, pero le sobran agallas y supo suplir su falta de acierto con un trabajo descomunal en la presión y en las ayudas defensivas.

Los seis minutos de alargue que dio el gaditano López Racero, que cuajó un arbitraje impecable, se hicieron eternos, pero el San José supo resistir y amarrar una victoria que, si es equipo es capaz de complementar con un triunfo en el campo de Poniente la semana que viene ante el Ciudad Jardín, valdrá su peso en oro y supondrá un gran paso adelante en las opciones de permanencia de los de Che. Pero todavía quedan muchas batallas por librar. Ni mucho menos está hecho, pero, tras derrotar a un coloso como el Espeleño, momentáneamente, los azulinos están fuera del descenso.

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