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El San José no puede pasar del empate ante un desahuciado Écija y, aunque sigue fuera del descenso, las escasas diferencias de puntos y las dudas cañameros, hace que los fantasmas de perder la categoría sigan muy presentes
El pasado fin de semana, contra
pronóstico quizás, el San José sacaba una valiosa victoria del Eloy Ávila de
Bollullos (1-3), lo que le permitía dar un paso cualitativo en la clasificación
por la permanencia y parecía abrir una autopista hacia las opciones cañameras,
máxime cuando, una semana más tarde, recibía al Écija que, otrora referente del
fútbol provincial, alcanzando incluso la Segunda división, vive este año su
particular infierno, que comenzó con dudas sobre si podría echar a andar y que,
a estas alturas, lo tiene desahuciado como farolillo rojo de la clasificación y
como clarísimo candidato a bajar a Primera Andaluza.
Sin embargo, el San José no deja
de sorprender. Para bien o para mal, según proceda. Si uno evalúa la media, ni
la semana pasada era tan bueno, ni ésta tan malo, pero, como fuera que venía de
una cara, ahora le tocaba la cruz.
‘Che’ metió dos cambios respecto
al día de Bollullos. Entró Digo López en detrimento de Montaño, dando un cariz
más ofensivo al centro del campo, y Fernando sustituyó a Edu Brenes como
referencia ofensiva.
Los de Carlos Conejero, por su
parte, con poco que perder y con unas ganas enormes de reivindicarse y ejercer
de jueces de la competición, salieron al Felipe del Valle sin complejos,
buscando al San José, y avisando en los primeros minutos. Como era previsible,
la intensidad astigitana se fue diluyendo con el paso de los minutos y los
azulinos fueron tomando el control de la pelota y, con el ello, el mando del
partido, pero como también le ha pasado en otras ocasiones, su juego carecía de
profundidad y ese dominio no se traducía en ocasiones. Mientras tanto, los
visitantes trataban de frenar a los cañameros, pero no renunciaban a buscar la
contra o a intentar perforar la meta de Álex Hormigo, que vivía su segunda
semana consecutiva como titular, por primera vez en toda la temporada.
Con poco más que contar se llegó
al descanso, sin goles y con la sensación de superioridad local, pero que debía
complementarse con una marcha más para poder acabar llevándose los tres puntos.
Bueno, sí queda algo por contar y que, además puede ser importante. Antes del
descanso se lesionaba en la rodilla Jaime Otón. Las alarmas saltan por el
posible alcance de la lesión -las rodillas de los mejores jugadores cañameros
están siendo una pesadilla esta temporada-, lo que, unido a que está contando
los días para estrenar paternidad, le hacía decir -esperemos que más medio en
broma que medio en serio- “que su temporada había acabado”.
En la segunda parte, los papeles
permanecieron inalterables. Los locales llevaban la batuta y los astigitanos
esperaban un despiste para morder. Y vaya si mordieron. En el minuto 50, en un
error en la salida del balón azulina, la pelota le cayó a Raúl que ajustó su
lanzamiento donde no podía llegar Álex que, eso sí, en un escorzo llegó a tocar
la pelota, pero no pudo evitar el tanto.
Tocaba remontada y, toda esa
confianza en que, más tarde o más temprano llegaría el gol cañamero, entró en
ebullición y el equipo, ahora sí, puede que con más corazón que cabeza, se fue
con todo a buscar el empate. Y, afortunadamente, lo encontró pronto; sólo dos
minutos después, un balón desde la izquierda le cayó a Mimi, que entraba por la
derecha y que ajustó el lanzamiento a la cepa del poste para devolver las tablas
al marcador y confirmar que vive un momento dulce en el que, posiblemente, sea el
tramo personal más complicado de su vida. La dedicatoria del gol estaba clara y
la confianza en ganar el partido se reiniciaba con casi cuarenta minutos por
delante.
Pero el Écija no era el
Bollullos, que quería ganar al San José. A los de Conejero el punto les sabía a
gloria y, aunque no iban a renunciar a llevarse los tres -de hecho alguna
ocasión tuvieron-, bien les valía para reforzar su papel de jueces el que
tenían en la buchaca. Por eso, desde entonces, trataron de parar el partido lo
máximo posible, buscar que el tiempo pasara sin que circulara mucho el balón.
Las consignas del portero y los defensas eran “hay que parar esto”, lo que
hicieron bien y frenó el ritmo de los locales que, en sus debes propios cabe
decir que tampoco anduvieron finos. La más clara de todas la tuvo Alvi, en un
balón que le llegó en el corazón del área tras varios rebotes y que se encontró
con la mano milagrosa del arquero para evitar el 2-1.
Al final, reparto de puntos que deja al San José como estaba, porque una buena noticia es que los resultados que se dieron no fueron malos. Algabeño e Isla Cristina empataron, como el Torreblanca y el Ciudad Jardín, la próxima visita azulina en el campo de Poniente. Perdieron Alcalá, Puerto Real y Aroche y ganaron los que estaban por delante de los de ‘Che’ y un San Roque al que no parece que le dé tiempo a llegar. Eso sí, las diferencias son tan exiguas, que una jornada es la única frontera para poder pasar del cielo al infierno o viceversa. Por eso, la importancia del partido en Córdoba el próximo fin de semana es capital, porque una victoria sería un paso de gigante en sus aspiraciones, pero uno derrota puede hacer que a los cañameros vuelvan a temblarle las piernas.