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La Rinconada y Dolores, dos amores en el corazón de un pregonero

Fiestas mayores |

Manuel Aguilar Ariza fue el encargado de anunciar el 15 de septiembre con un texto lleno de recuerdos y experiencias personales vinculadas a la Virgen de los Dolores y a las Fiestas Patronales

Después de dos años de ausencia debido a la pandemia, el pregón de los Dolores Gloriosos volvió a la parroquia de la Virgen de las Nieves fiel a su cita en el mes de septiembre. La persona designada para ocupar el número XXV en la nómina de pregoneros de los Dolores Gloriosos por parte de la Hermandad de los Dolores, fue Manuel Aguilar Ariza, “un fiel amante de las costumbres y tradiciones rinconeras en general y de la Semana Santa en particular, nacido y criado en este pueblo y por tanto rinconero por los cuatro costaos” tal y como lo presentaba el último pregonero del año 2019, Antonio Tabares.

Manuel Aguilar empezaba su pregón con las dos primeras palabras que tenía claro desde que iniciara su etapa como miembro de la Junta de Gobierno de la Hermandad, iban a ser las palabras que abrieran su pregón si llegado el caso se le encomendaba la tarea de anunciar las fiestas patronales: La Rinconada. Así fue, con el nombre del pueblo que lo ha visto nacer, crecer, fundar una familia y echar raíces, arrancaba un discurso plagado de recuerdos, anécdotas, vivencias de costal e imágenes de septiembres y Sábados Santos, siempre muy apegado a la Virgen de los Dolores.

De la mano del pregonero que reconocía que, a pesar de haber nacido en Sevilla como es propio, “porque mi infancia, mi vida y mis recuerdos son rinconeros, mi presente y mi futuro quiero que estén ligados a este pueblo que tanto amo, en un sentido amplio y metafórico de la palabra amar” reconocía Manuel Aguilar, dando paso a todas las virtudes que él descubre en La Rinconada para que sea su lugar favorito del mundo, porque “aquí soy Manolo, el del Estanco, el hijo de Nati la del Rancho”, el lugar por el que trabajaron sus abuelos y por el que el pregonero quiere que sus hijos trabajen, inculcándoles su mujer y él, la historia y las tradiciones de La Rinconada en las que hay que participar para que no se pierdan.

Precisamente y en referencia a las tradiciones, hacía un recorrido por sus recuerdos de infancia vinculados al 15 de septiembre y al “binomio trascendental” que para él forman La Rinconada y la Virgen de los Dolores. Infancias que para Manuel iban inexorablemente vinculadas a la vuelta al colegio y el trajín propio en el negocio de sus padres, pero también al mes de la virgen y a una feria que él no conoció pero que, según narraba su madre, ocupaba el centro del pueblo cuando llegaba septiembre. El Rosario de la Aurora, los cohetes mañaneros, las voces del coro entonando la Salve Dolorosa y los desayunos posteriores fueron algunas de las imágenes de recuerdos y vivencias correspondientes a una época de los años ochenta, que el pregonero extrajo de su memoria y quiso compartir con los presentes porque “el 15 de septiembre siempre ha sido un día grande para La Rinconada” y así quedó en su memoria “de una infancia que quedó atrás, pero que siempre recordaré con nostalgia: qué bonito es ser niño en La Rinconada cuando llega el 15 de septiembre”.

Poco a poco y saltando de la prosa al verso, el pregonero fue desglosando todo un recorrido vital, siempre con la Virgen de los Dolores como referencia. Su etapa en la universidad y los sinsabores de no poder vivir por culpa de los exámenes las fiestas patronales con la misma intensidad que de niño o lo mal que lo pasaba cuando le tocaba trabajar fuera del pueblo, “solo a los que les haya pasado podrán entender esa sensación de rabia y de tristeza por no poder estar con los tuyos en un día tan especial y uno a doscientos kilómetros de La Rinconada…”.

Sentidas palabras también las escogidas para narrar sus vivencias debajo del paso de la Virgen de los Dolores. Una experiencia que duraría casi veinte años y que tuvo que esperar a la mayoría de edad, ante la reticencia de sus padres para poder iniciarla, primero como costalero del Cristo de la Misericordia hasta que llegó el momento de poder portar a la Virgen de los Dolores un mes de septiembre. Emoción al recordar la primera “igualá” para sacar a la Patrona y Alcaldesa Perpetua de La Rinconada y su primera salida como fijador de segunda debajo del paso.

Dos décadas casi, plagadas de recuerdos y de anécdotas algunas de las cuales trajo el pregonero a su texto arrancando sonrisas de nostalgia en los presentes. “Y aunque ya no pueda salir debajo, me sigo sintiendo costalero de la cuadrilla de la Virgen de los Dolores, porque costalero y doloroso nací y así seré hasta mi último aliento. He paseado a la virgen sintiéndola sobre mí, rezando por mis amigos, pidiendo por la salud de todos. El peso no importaba porque la virgen y mis compañeros de cuadrilla estaban conmigo, costaleros de corazón” recordaba Manuel, explicando que, en esos diecinueve años, la vida le había cambiado mucho menos en dos cosas que nunca le habían fallado: ni su fe, ni su fuerza para salir de costalero.

Como no, sentidas palabras para aquellas personas que no están y de cómo la Covid19 también ha golpeado a las familias de la localidad y del entorno del pregonero, sin poder despedirse de sus familiares difuntos ni velar sus familiares. “Sólo con fe cristiana puede uno reponerse a un golpe tan enorme”. En el capítulo de homenaje a los que ya no están, Manuel ha querido tener especialmente presente en su pregón a su suegra y a Paco Durán que tanto aportó a la hermandad. 

Para ir cerrando su pregón, Manuel Aguilar nos ha abierto las puertas del trabajo de la Junta de Gobierno de la Hermandad de la que es Secretario I, lo que también le ha permitido vivir una relación más intensa con los sagrados titulares de la corporación. También se ha detenido para compartir cómo se vive la preparación de las fiestas patronales “desde el otro lado”, sobre todo en uno de los momentos históricos que él pudo vivir, con una mezcla de emociones, en lo relativo a cada uno de los pasos que hicieron posible la restauración de la Virgen por parte del IAPH.

Otro de los momentos singulares vividos por el pregonero como miembro de la Junta de Gobierno, fue la salida procesional del 2021, cuando el arzobispado permitía las salidas procesionales tras el veto por la pandemia, organizando la Hermandad en apenas cuarenta y ocho horas la salida de la patrona rinconera por las calles. 
Unos últimos versos y el consabido “he dicho” daban paso a la Salve Dolorosa, dejando en el ambiente un inconfundible olor a nardos que siempre irán vinculados al 15 de septiembre y que, en la tarde del día siguiente, 15 de septiembre, llenó las calles de la localidad. 

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