La garra, el trabajo y la fe le devuelven la confianza
La situación del San José era bastante complicada. Había dejado escapar una cómoda renta en la segunda plaza para caer hasta el cuarto lugar, el juego del equipo tenía muchas lagunas y la confianza de los jugadores estaba muy deteriorada hasta el punto que el entorno estaba más preocupado por la moral de los hombres que por el bajón en el juego.
La continuidad del entrenador pendía de un hilo. De hecho, se especuló la posiblidad de que fuera destituído tras la derrota en el Felipe del Valle ante el Marchena (0-2). Finalmente, la directiva cerró filas en torno al técnico, que cuenta con el aval de su plantilla que está a muerte con él, y alargó el crédito del preparador. Menudo se la jugaba, por tanto, en el siguiente choque: la difícil visita al Principe de Asturias de Sanlúcar. El plantel sabía donde erradicaba el problema y así lo manifestaba Fran, una de las voces autorizadas dentro del vestuario: “Nos falta que la pelotita quiera entrar. Cuando nos pongamos por delante, se acabaron los problemas, recuperamos la confianza y la crisis queda zanjada”. Y así fue. Ante los hombres de Joaquín Hidalgo el San José salió enchufado al choque y Buyo aprovechó una jugada de Antoñito para adelantar a los suyos -lo celebró abrazando a todo el conjunto a la altura del banquillo-. La conjura, que había incluído convocatoria completa, desayuno y viaje en autobús, daba sus frutos. Pero aún quedaba partido y los cañameros no lo iban a tener fácil. Primero, porque los locales apretaron y, segundo, porque Cintado Fernández, ese trencilla al que le gusta tanto señalar penalties dudosos a favor del San Juan, encendió los ánimos de los dos equipos, expulsando a dos futbolistas por bando -al San José le dejó sin José Manuel y sin Fran-Con el paso de los minutos, los azulinos reculaban cada vez más y el Sanlúcar rondaba los dominios de José Miguel, aunque sin crear una ocasión clara durante todo el partido. En la segunda parte, queda como dato más positivo la reaparición de Mateo, con el que el equipo recupera a un especialista en el juego a balón parado, un arma esencial en muchos envites. Al final, el tanto del mayor de los Sánchez Aragón valió su peso en oro en forma de tres puntos que otorgan crédito a un entrenador y una plantilla que no merecían el esquinazo que les había dado la fortuna en las últimas citas.
En esa tesitura, resulta lógica la forma de celebrar la victoria del San José, que gritó y se abrazó como si del partido del ascenso se tratase. No era para menos. Se lograba el reencuentro con la victoria, la primera de esperemos que muchas que todavía quedan por llegar. Ojalá.