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Fernando Repiso: “Hay dos pilares básicos cuando escribo: la honestidad y la verosimilitud”

Cultura y patrimonio |

El escritor vuelve con Iván de Pablos, el irreverente inspector de policía en la que es la segunda novela con el personaje como protagonista, ambientada entre los bajos fondos de la ciudad y de la sociedad sevillana

Fernando Repiso es viajero conocido de la Estación de las Letras. Como mentor, como entrevistador y, por supuesto, como escritor, su faceta más reconocida. Y como autor volvió a hacer escala en la Sala Maga en esta Parada Otoñal para ahondar, guiado por Salvador Gutiérrez Solís, en los entresijos de su última novela, ‘Manual para construir el infierno’.

Llegó Repiso acompañado de Iván de Pablos, el inspector de policía de extremos, que lo llevan del éxito profesional al desastre personal. Insolente, grosero, magnífico en su trabajo pero con el que es difícil de empatizar, se enfrenta a una cadena de crímenes que inicia una muerte aparentemente accidental. Y de fondo, Sevilla. Quemada por el calor, pero también por la corrupción. Esta vez llegó también con Nuria, una forense que ejerce de contrapeso literario del inspector, lo que da nuevos giros a esta historia con respecto a ‘Las agujas de la noche’, la segunda novela del autor y primera de De Pablos. Con estos ingredientes se teje una trama que arrastra a los infiernos, como el propio título ya avanza, con dosis de thriller y novela negra.

Una novela para romper etiquetas

‘Manual para construir el infierno’ es una novela negra. De asesinatos y policíaca. “Un ejercicio brutal de literatura”, como comenzó definiéndola Gutiérrez, flamante Premio Factoría Creativa Nacional de Literatura. Sus páginas son más que la etiqueta de “novela negra gay”. En ellas hay temas más trascendentales y que van más allá de un asesinato y su investigación en el ámbito homosexual. Porque hay prejuicios, construcción de relaciones e identidades, arrepentimiento, familia y sexualidad.

“Defiendo mucho las etiquetas para luego romperlas”, afirmó Repiso. Desechando el debate de qué sí y qué no es literatura ni la necesidad de hacer distinciones entre géneros, porque simplemente “me gusta divertir y me gusta divertirme cuando escribo”.

“No pensaba que fuera a haber un segundo caso de Iván”, reconoció. “Es un tipo muy intenso que me agota. Iván me está dando muchas satisfacciones, pero cuando termino de escribir la una novela acabo agotado, porque es un tipo al que tengo que atar en corto continuamente”.

Romper estereotipos y el buenismo

Pero también, por las propias características del personaje y la afición a sobrepasar etiquetas del autor, “me ayuda a romper estereotipos y el buenismo”. Especialmente “en la imagen del colectivo LGTBI, que tenemos que ser todos superguay, superlimpios, superbonitos, casados, con un perrito y con gestación subrogada”. Iván de Pablos, casado con su mejor amiga, separado, y con una sexualidad reprimida, “es un personaje que existe, que es irreverente”, pero que también muestra una realidad que por no ser tan brillante se oculta. Es una defensa de la libertad también, porque De Pablos “vive como le da la gana”. Con este personaje “atractivo”, que define como “un caramelo”, aprovecha “ahondar mucho más la psicología de las personas” que en el anterior caso, y explorar cuestiones como la relación de De Pablos con su hijo. Y, gracias a Salvador Gutiérrez, y para no caer en los mismos giros que en el libro anterior, aparece la forense Nuria, que ayuda a llevar la novela por otros derroteros.

 “Para mí hay dos pilares básicos cuando escribo: la honestidad y la verosimilitud”, explicó el autor. “No puedo engañar al lector”, por eso, cuando escribe, va dejando “pistas necesarias” para que al llegar al final el lector pueda decir “tenía al asesino lo tenía aquí delante”, aunque no lo hubiera visto. “Para mí eso es honestidad”. Con respecto al segundo pilar, lo ejemplificó con Superman. “Vuela porque nos lo cuentan desde el principio. Es increíble, pero verosímil también”. Sin embargo, “que un personaje de una novela mía, a la mitad de la novela salga volando no tiene sentido, eso no es real”. Por eso busca esa apariencia de realidad, con una premisa clara: “que yo me lo crea, que huela a calle”.

Descentralización de la novela negra

Repiso también abordó “la chispa” que da pie a sus novelas. Desde “un caso que me contaron” en ‘Las agujas de la noche’ a lo que va pillando. “Soy muy cotilla”, reconoció. “Me gusta ver cómo habla la gente, y luego lo adapto a la novela. No conozco a ningún Iván de Pablos, pero sí me fijo en alguien para construirlo”. Igualmente, Repiso ha contribuido a “descentralizar la novela negra”. Ambientándolas en Sevilla no solo traslada físicamente los escenarios, sino que “eso conlleva también una edición, una manera de hablar, una manera de comportarse, una manera de vestir, una climatología, una comida, y todo eso hace que los personajes sean distintos”. Dando sin duda nueva alas a esa novela negra.

Con ‘6 mujeres 6’, su primera novela, adaptada al cine como ‘La gran calumnia’ y a punto de entreno; con una incipiente idea de convertir en serie ‘Las agujas de la noche’, y con una gran acogida para ‘Manual para construir el infierno’, el irreverente Iván de Pablos aún tiene mucho que contar. Como también lo tiene Repiso con este tándem personaje-autor, que a buen seguro recalará con nuevas investigaciones en Estación de las Letras.

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