La victoria ante el Carmona permite estar a un ascenso de Tercera división, la categoría en la que los rectores cañameros quieren
consolidar al club
Los más de 1.500 espectadores que poblaron las gradas del Felipe del Valle brindaron un merecido homenaje a la plantilla cañamera tras materializar el ascenso a Primera Andaluza, lo que dio paso a una fiesta que se prolongó hasta bien entrada la tarde en el coliseo azulino.
Los vítores habían comenzado un poco antes, con el gol de Lobo, que abría la cuenta local y despejaba las escasas dudas que persistían en los presentes. Luego, con el gol de Buyo, las gradas empezaron a disfrutar. Lo que acontecía en el césped pasaba a ser secundario para una afición, que tras varias temporadas de sufrimiento, recibía al fin el premio a su fidelidad y quería saborearlo con su gente.
Todo eran risas, cánticos, gritos de apoyo y muchos aplausos para los jugadores que eran sustituidos. El propio presidente, embutido en el palco entre autoridades municipales y federativas, se vio obligado a ponerse en pie y dar unos saltos ante la insistencia de los forofos que no cejaron en su empeño hasta que consiguieron su objetivo. Incluso el entrenador, Juan Carlos Menudo, abandonó su semblante serio y se marcó unos botes como respuesta a los gritos del respetable.
La cantera, presente en el partido y homenajeada al inicio, tomaba buena nota de sus mayores quién sabe si soñando emular la gesta que estaban a punto de conseguir.
Cuando el árbitro señaló el final los jugadores gritaban y se abrazaban a sus familiares y amigos y a esos fieles aficionados que nunca han dado la espalda a su equipo. Incluso hubo nostálgicos que derramaron alguna lágrima de la emoción, ante un hito calificado de "histórico para el club y el municipio" por parte del alcalde, Javier Fernández.
El presidente miraba al cielo acordándose de su padre, el glorioso Francisco Sánchez 'Castañita', para decirle que ya estaba más cerca de cumplir la promesa que le hizo de devolver al equipo a Tercera, y besaba la estampa de la Virgen del Carmen, a la que tanta fe profesa y tanta suerte le ha dado.
Y los jugadores iniciaban la fiesta en el vestuario y la continuaban en el ambigú del Felipe del Valle y luego por toda la localidad. Era un día para el disfrute y ellos, mejor que nadie, saben lo que ha costado dar esta alegría a la afición.