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Crónica de un ascenso anunciado

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1.500 personas vibran en el Felipe del Valle con el ascenso del San José

La premonición
Antes de comenzar el encuentro, el entrenador cañamero, Juan Carlos Menudo, relataba al presidente un sueño que había tenido la noche anterior: "He soñado que Loren nos daba la victoria en el último minuto, pero no se va a cumplir porque resolveremos el partido mucho antes".
En el minuto 93, con el partido empatado como mal menor, Loren, que había entrado desde el banquillo, recibió la pelota, se la acomodó en su pierna buena y lanzó raso para llevar el segundo a la cuenta del San José y la alegría a las gradas. La premonición del técnico se había cumplido.
Sufrimiento y transistor
Aunque todos contaban con que el partido no sería fácil ya que el cuadro cigarrero estaría primado, como reconoció su entrenador a la conclusión del partido, se antojaba casi más importante un buen resultado en el partido entre el Betis C y el San Juan que en el propio campo de San Sebastián de La Puebla. El San José se adelantó por medio de José Manuel, pero no iba a resultarle fácil ganar. Una serie de polémicas decisiones de Morgan Montes preocuparon a la delegación azulina, que poblaba las gradas con más de 120 efectivos. Pero el equipo se repuso y, tras la alegría por el triunfo, llegó la hora del transistor con el partido en la Ciudad Deportiva Ruiz de Lopera y, aunque el San Juan se adelantó, el equipo de Pedro Illanes dio la vuelta al resultado para certificar su ascenso y dejar al San José dependiendo de sí mismo.
 
El éxtasis
 Tras el sufrimiento tocaba disfrutar. El equipo dependía de sí mismo para subir de categoría y la fiesta estaba preparada en el Felipe del Valle. Pero el Carmona, virtualmente aunque aún no matemáticamente salvado, se antojaba un escollo duro que no quería ir de comparsa ni ser el invitado de piedra a la celebración cañamera.
De hecho, gozó de la primera ocasión del partido que hizo lucirse a Peña.
Menudo se desesperaba en el banquillo y pedía concentración y tranquilidad a sus jugadores que, fruto del ambiente o de lo fácil que lo tenían, estaban un poco atenazados.
En el último tramo de la primera parte, Rarra logró llevarse un balón que cedió a Lobo y éste cruzó a la perfección el esférico para alojarlo en el fondo de las mallas desatando la alegría en las gradas repletas del coliseo azulino.
En la segunda parte el Carmona se quedó con diez por la expulsión de Carlos, que vio la segunda cartulina amarilla y todo fue un poco más fácil. Los jugadores estaban mucho más sueltos, los nervios eran historia y la Primera Andaluza se tocaba con las manos.
Buyo anotó el segundo, un golazo de bella factura que sentenció el envite y Álvaro César, en pleno éxtasis de la parroquia local, firmó el tercero y definitivo para sellar el billete a una categoría superior. En estas, el técnico había sustituido a todos los pesos pesados del conjunto para que se llevaran la ovación de la afición.
El público acabó haciendo la ola y, cuando el trencilla, Fuentes Fernández, decretó el final, una masa de seguidores saltó al césped para festejar junto a sus jugadores el logro conseguido. La Preferente ya era historia.

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