Juan González Barrios, Lázaro Fernández Piris y José Antonio Espina Sánchez, fueron concejales del centro-derecha en 'la `Rusia chica', sin más militantes que sus familiares y con el deseo por delante de que había que trabajar por el pueblo
La brevísima historia de la Unión de Centro Democrático en La Rinconada, empieza y acaba en la legislatura 79-83. Un grupo de gente con inquietudes no satisfechas por la izquierda rinconera y sin trayectoria ni experiencia pero con visión en un momento político de trascendencia histórica, acude a la sevillana calle Betis, para ver qué había que hacer para presentarse a las municipales.
Ese fue el inicio de una UCD que presidió Emilio Fernández con un jovencísimo José Antonio Espina de secretario General, y con 40 o 50 militantes entresacados de familiares. Costó hacer las listas porque "no era fácil que la gente se señalara", pero con personas como Tomás Fructuoso Lozano y Diego Gómez Clavijo -entre otros- presentaron candidatura y colocaron a Juan González Barrios como cabeza de cartel, un hombre socialmente comprometido, con inquietudes e ideas, sin trayectoria política pero "con ganas de cambiar las cosas".
Tras una durísima campaña llena de soledades, salieron concejales él y Lázaro Fernández Piris, un emprendedor que de agricultor pasó a panadero y que acabó jubilándose de taxista.
Eran dos gotas azules en un océano rojo, aunque ambos resaltan el respeto que les unía a la mayoría de los concejales, tanto que, por ejemplo, dieron su apoyo a Pepe Iglesias (que les correspondió con delegaciones que rechazaron); tanto que la mayoría de cosas salían por unanimidad "porque habiendo tanto que hacer todas las decisiones eran buenas"; tanto que no les cuesta reconocer "el excelente orador que era Llorens".
Ocho meses después de estar a todas con el alcalde, un González Barrios desanimado por los intríngulis de la práctica política decide entregar su escaño y centrarse en la ferretería. Le sustituye Espina Sánchez, ingeniero industrial, que vivía en Sevilla y que se preparaba los interminables plenos en los sus viajes de trabajo a Córdoba. Eran antagonistas del PCE y del PSOE "pero había cosas trascendentales para el pueblo donde lo de menos era el partido del que fueras", como el episodio del bloqueo que sufrieron las viviendas de Santa Cruz.
UCD perdió las elecciones generales del 82 y con ellas su unidad. Después de aquella experiencia, ninguno de estos tres siguió en política. De la época recuerdan con cariño el contacto que entonces hubo con ministros como Clavero o Soledad Becerril, con Añoveros, y hasta con Adolfo Suárez con quien no fueron pocos los cafés en 'Río Grande'.