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El PGOU y los presupuestos para 2006, esencia de ‘La Rinconada que queremos’

Comercio |

Una estricta planificación de futuro y unas saneadas cuentas que permitan aplicarla sin el imperio restrictivo del euro, pilares de la construcción de ‘La Rinconada que queremos’.

El alcalde, Enrique Abad, encara el tercer año de su presente mandato «consciente del importante momento histórico que estamos viviendo y del origen de un nuevo tiempo-ciudad que catapultará, con el esfuerzo de todos, a La Rinconada al mejor de sus destinos».

'La Rinconada que queremos’ ha dejado de ser un lema para convertirse en el auténtico resultado del esfuerzo de toda una comunidad «por crecer de forma ordenada y no sólo desde el punto de vista urbanístico, hacia el mejor modelo de ciudad posible». Así lo entiende el alcalde, Enrique Abad, que en este número final de 2005 avanza las líneas de la que será la recta final de su mandato.Acuñando como nueva expresión, «el nacimiento de un nuevo tiempo-ciudad», el primer edil resume «el importante momento histórico que arranca ahora, con la aprobación inicial de un nuevo Plan General de Ordenación Urbana y con una consolidación presupuestaria basada en el rigor  y la solidez», dos armas que Abad esgrime para hacer frente al «decisivo paso de pueblo a ciudad».
El nuevo PGOU ha absorbido la esencia de lo que queremos ser: «una ciudad abierta, humana, que ofrezca espacios públicos en los que fomentar la interacción social, donde el protagonismo esté en las calles y el transporte público y las comunicaciones nos ubiquen como municipio de referencia metropolitana a través de la línea 3 del metro, la red de Cercanías, la SE-40 y la autovía de acceso Norte». Y todo esto bajo tres premisas básicas: convertir a La Rinconada en una ciudad donde se pueda invertir y trabajar; ofrecer soluciones residenciales para todos los rinconeros; e integrar respetuosamente el patrimonio natural y medioambiental de que disponemos. Es decir, adaptar lo mejor de los modelos centroeuropeos conocidos y ajustarlos a la ideosincrasia rinconera.
De esta receta se derivan logros tan evidentes como que «el Ayuntamiento será el principal propietario de suelo empresarial para favorecer que no cese la permanente atracción de actividades productivas generadoras de riqueza y empleo para todos y todas».
A nivel residencial, se confirma que «ningún joven rinconero que vaya a necesitar vivienda pública en los próximos doce años se quedará sin ella», puesto que una de cada dos de las que se contruyan, será protegida, lo que deriva en un cálculo de construcción de unas 100 viviendas/año que responde por completo al crecimiento vegetativo de la población.
Bajo el tercero de los condiconantes de modelo de ciudad se pone en carga al Guadalquivir y al Almonazar, como ejes de un proyecto de ocio deportivo medioambiental, «que pondrá el sello rinconero en el mundo». En la finca Majaloba «crecerá ‘Guadalrinconada’, un auténtico paraiso natural con altas dotaciones deportivas y de ocio de la que todos los rinconeros y todas las rinconeras podremos disfrutar».
Y todas estas grandes piezas encajadas con las del día a día, con las de la llamada micropolítica y soportadas por unos presupuestos que se nutren de los convenios urbanísticos y de los cerca de 100 millones de euros de ingresos que nos reportarán en los próximos años los convenios urbanísticos y con los que La Rinconada actual se equilibrará en dotaciones y servicios públicos a la naciente para alcanzar esa Rinconada única que queremos.
Y prueba de ello, son los presupuestos para 2006 en los que se incorpora una primera partida proveniente de los convenios urbanísticos de 13 millones de euros, la mayoría de los cuales se destinan a inversiones sociales en servicios públicos de proximidad.
Un nuevo colegio, dos centros de salud, la tercera guardería, otro centro municipal de formación para el empleo, más de 200 nuevas viviendas públicas, la piscina cubierta y otras nuevas dotaciones deportivas, tres nuevos gimnasios cubiertos para colegios, El Cáñamo III, el arroyo Almonazar, la Feria Única, un centro de formación hotelera en Torrepavas, el apartahotel en Chipiona, y todo un ejército de operarios dedicados al mantenimiento de calles y espacios públicos, centran la necesidad que demuestra Abad de crecer a lo alto, pero también a lo ancho, con la firmeza de contar con los pilares sólidos que conforman la satisfacción vecinal por la calidad de vida.

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