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Luis Mario Milla es un árbitro rinconero que, a punto de cumplir 30 años, ha saboreado las mieles del éxito con el ascenso esta campaña a Segunda B y con la concesión del premio más importante que se entrega en La Rinconada: el Trofeo Alcalde de la Gala del Deporte.
- ¿Cómo se siente?
Aún no me lo creo. Ni siquiera pude dormir la noche del premio. Esperaba alguna mención por el ascenso, pero el premio alcalde... Me tocó el gordo. Es muy importante para mí.
- ¿Qué supone para su carrera en particular y para el colectivo arbitral en general?
Para mí es un reconocimiento a mi carrera y una inyección de moral enorme. Se lo contaré a los árbitros de Preferente a los que doy clases y estoy seguro de que se verán reflejados. Es muy importante que se premie la labor del colectivo arbitral.
- Decía el alcalde que el premio era un estímulo para seguir creciendo, ¿cómo se plantea ahora su carrera?
Ya me han aconsejado la gente que sabe de esto. El primer año es para aprender, porque hay mucho nivel y mucha competencia. El segundo año es para estar ahí y, en el tercero, para dar el salto a Segunda.
- ¿Se nota mucho la diferencia entre arbitrar en Preferente o Andaluza, con hacerlo en 2ªB?
Cambia la mentalidad y la repercusión. Hay que gestionar viajes y hoteles, por un lado, y tienes un informador en todos los encuentros, y que si no lo haces bien, te manda a la nevera. Además, hay televisión en algunos partidos, y vas de cuarto árbitro a Primera y Segunda.
- ¿Cuál es la cara más amable y la más amarga del fútbol?
La más amable es tener la suerte de acertar en una decisión polémica, pues acertar o errar es una cuestión de suerte. Por ello, cuando vuelves sabiendo que has acertado es gratificante. La cara más amarga es no ascender de categoría cuando te lo has merecido...
- Por último, ¿a quién le gustaría dedica este premio?
A mis padres, a mis hermanos, a mi novia y mis cuñados y a todos mis amigos.