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El San José firma las tablas con el Algabeño en un partido en el que los cañameros reclamaron un penalti que el árbitro no cobró, mientras que sí señalizó uno que no era a favor de los de Diego Tristán que Jero Baena estrelló en el larguero
Gran ambiente de fútbol el vivido
en La Algaba, con un campo de esos de Regional de toda la vida repleto de
público de ambos equipos y con muy buen ambiente entre aficiones y hermandad
entre directivas. Día también de reencuentros con viejos conocidos en el club
azulino, como Luismi, Salva, Diego López o Mimi, o en la localidad, como
Molina.
Con el balón en juego, mayor
empuje de los locales, aunque reparto de ocasiones. El gol podía llegar desde
cualquier bando, pero ni Isaac ni Manu tuvieron que recoger el balón del fondo
de las mallas. Al filo del descanso, una internada de Juanma en el área, en la
que el lateral –que jugaba como interior- fue derribado por un defensor, sirvió
a los visitantes para quejarse amargamente de la no señalización de penalti por
parte del gaditano Benítez Ollero, que dirigía la contienda.
En la segunda mitad el guión fue
prácticamente el mismo. Ocasiones por ambos bandos, algunas claras, que no
acabaron en gol por el buen papel de los arqueros o la falta de puntería de los
delanteros. Juan Martín entró de suplente pero tuvo que retirarse llevándose la
mano a su rodilla, por lo que habrá que esperar para conocer con exactitud el
alcance de la lesión. En una de éstas, Jero Baena recibió solo en el área,
encaró a Isaac, que tocó balón, pero el delantero se fue al suelo y el
colegiado indicó penalti, que fue muy protestado por los de Dioni Arroyo. El
propio Jero Baena se encargó de lanzarlo y el balón se estrelló en el larguero
de la meta de Isaac.
Al final, Cruz y Sebas lo
intentaron con lanzamientos desde su casa, mientras que el Algabeño también
obtuvo más mordiente en ataque con la entrada de otro ex azulino, Jesús
Corriente, pero nada haría que se alterara el marcador.
El próximo fin de semana, en el Anexo, El Rota será el rival de los cañameros, con la obligación de lograr la victoria, de una vez, en su feudo.