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El San José remonta un 0-3 al Torreblanca para recatar un punto a todas luces insuficiente en su lucha por mantener la categoría
El San José empató en el Felipe
del Valle ante el Torreblanca en un partido que enloqueció en la segunda parte,
en la que los cañameros sacaron a relucir su orgullo y rescataron un punto en
un duelo que estaba perdido. Esa la fue la cara de un choque que no oculta la
cruz, que no es otra que el empate fue insuficiente, que el equipo sigue sumido
en zona de descenso, que sigue a seis puntos de un rival directo como el que
visitaba el Felipe del Valle y que la situación en el seno de la entidad es
complicada.
El San José ha mejorado como
equipo, pero no hay más cera que la que arde y cada vez quedan menos jornadas
para salir del pozo.
Centrándonos en el partido, la
primera parte fue para olvidar. Sólo se salvaron algunas combinaciones muy buenas
de los de Che, que acabaron sin encontrar la portería capitalina. Sin ocasiones
-sólo una en los compases iniciales-, con juego excesivamente trabado y con la
incertidumbre de un partido en el que no se ve la balanza decantada a favor.
Los cañameros pidieron un penalti por un derribo a Noah en el minuto 21.
En la segunda mitad todo cambió. El
orden aparente del primer acto voló por los aires y el partido se volvió loco,
con un fútbol mucho más directo, menor orden táctico y, sobre todo, muchos
goles: hasta seis.
El primero en golpear fue el
Torreblanca. Es cierto que al San José se le pueden poner muchos peros esta
campaña, pero el primero de ayer tuvo mucho de mala suerte. El equipo cercó la
meta rival y, hasta en tres ocasiones en la misma jugada, pudo marcar. Guti,
por dos veces, y Varona, no acertaron abatir, en la misma jugada, al arquero de
los de Raúl Carmona. El colmo del infortunio fue la contra de esa misma jugada,
en la que un centro de los visitantes lo despejó Jaime Otón contra su propia
portería, adelantando a un equipo que encontraba un botín inesperado en un
momento crucial del envite.
Y con el gol, los azulinos se
fueron del partido. Bajaron los brazos. Se rindieron. Y el Torreblanca hizo sangre,
con dos goles más a la contra, que bien pudo ser alguno más. El San José estaba
grogui, el 0-3 del Felipe del Valle pesaba como una losa, y el infortunio había
dado paso a desidia e incapacidad. Ni la entrada de Saborido, que se estrenaba
por tercera vez con la elástica cañamera, cambiaba el guion.
Sin embargo, en ese momento, el
equipo se despertó. Tiró de rabia, de orgullo y, por qué no, también de algo de
fortuna. Tres minutos después del tercero de los visitantes, un córner desde la
derecha, lo remató en semifallo Jaime Otón. Ennoury estaba por allí y despistó
a Jesús Navajas, que se acabó comiendo la pelota. 1-3. Pero la fe cañamera
sería real sólo cuatro minutos después. Otro córner, otro balón peinado, otro
error de la zaga a la hora de despejar y otro balón a la zona de Ennoury que
puso el muslo, casi sin querer, y batió de nuevo a Navajas, poniendo el 2-3 a
falta de trece minutos más alargue aún por delante.
Ahí se vio la mejor versión de
los de Che. Mordiendo en cada acción, creyéndoselo y lanzado a tumba abierta
por su rival oliendo la sangre como trofeo del épico milagro. Y el milagro
llegó en el 85. Un centro de Dani desde la izquierda lo remató el Pichichi, el
de siempre, Lobo (suma 13 goles ya) de manera inapelable al fondo de la red.
Llegaba el empate, con cinco minutos, más otros cinco que dio el colegiado de
alargue.
Pero tras el empate, las fuerzas
se equilibraron. El San José quiso hacer la machada, culminar la remontada y
eso le hizo pecar de precipitación, con dos saques largos de Álex donde no
había, ni podía llegar, nadie del equipo. Con un balón perdido por Varona que
se lo quitó a Miguel Montaño cuando salía en mejor posición. Con un desajuste
que acabó con los visitantes pidiendo penalti, mientras el colegiado decía “sigan,
sigan” y con solo una oportunidad digna de reseña en un centro de Álvaro Lora
al primer palo que Lobo llegó a tocar, pero que Jesús Navajas desbarató.
Empate agridulce, por la épica inconclusa y porque el punto no sirve, ni para salir del descenso, ni para acercarse a la salvación, más bien supone un paso atrás. Ahora, el equipo tendrá que visitar al Isla Cristina, que se ha convertido en un nuevo rival directo de los cañameros, con seis puntos más en el casillero. Si se quiere soñar, hay que ganar…