Deportes |
Por Antonio Borrego
La pasada semana el Rinconada
enviaba una carta al presidente de la Federación Sevillana de Fútbol, Pedro
Borrás, pidiéndole la suspensión de la competición hasta que la situación
sanitaria derivada de la pandemia del Covid-19 permitiese la entrada de público
en los estadios. No es la primera entidad que se expresa en estos términos, pues
han sido varios los equipos los que han planteado esta solicitud sin que, por
el momento, haya respuesta al respecto. La punta del iceberg fue la retirada de
la competición de El Coronil, en la misma categoría (en el otro subgrupo) del Rinconada.
Una retirada argumentada en la imposibilidad de mantener los compromisos
adquiridos sin ingresos económicos de carnets, publicidad o ambigú.
Verdaderamente es una locura
proseguir la competición. En primer lugar, por la propia integridad física de
los futbolistas, que se hicieron una PCR antes del comienzo de la competición (el
15 de octubre) y que juegan en un deporte de contacto, sin mascarillas y en
distintas localidades, vestuarios… Si las autoridades sanitarias insisten en la
importancia de la distancia social, del riesgo de los aerosoles y se llega
hasta el cierre perimetral de provincias enteras, parece un riesgo innecesario
la continuidad de la competición.
Y luego están los perjuicios económicos,
que hacen insostenibles la situación a los clubes. En este sentido, la
Federación ha cobrado las licencias, las fichas, las mutualidades y demás
requisitos exigidos para empezar a competir sin perder un euro. Los árbitros no
han rebajado ni un euro de sus asignaciones por partido, que también tienen que
hacer efectivas los clubes. Evidentemente, ni federación ni colegiados tienen
la culpa de la pandemia, pero tampoco la tienen los clubes, que son quienes la
están pagando, porque son sus presupuestos los que se van a ver afectados, los
que pueden tener que tirar la toalla y abandonar la competición, hipotecar el
futuro de la entidad o no poder afrontar el pago a sus jugadores que, en estas
categorías, se verían también totalmente desprotegidos. Así que, resumiendo, ni
Federación, ni árbitros pierden un euro, pero los clubes se arruinan y sus
jugadores se quedan sin cobrar, con lo que es a ellos exclusivamente a los que
se les carga la factura Covid, las patas más vulnerables, pero las más
importantes para que haya fútbol.
Dicen que antes del próximo fin de semana podría haber reunión y se podría decidir el aplazamiento de la competición hasta que la situación permita afrontar de otra forma la misma. Esperemos que impere la cordura y así sea.