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El San José, que homenajeó al malogrado Pelu y lució una pancarta de apoyo a Juan, suma tres puntos de oro ante el Atlético Onubense en un partido en el que nadie apostaba por los de ‘Che’ y que, como la vida misma, reservó la gran alegría para el final, haciendo que lo que se veía negro se vea en colores
A veces, la vida te golpea de
manera inesperada. De un momento a otro algo hace que todo cambie y te deja
tendido en el suelo. Y si intentas levantarte, te sacude aún más fuerte. Pero
la vida, cuando estás a punto de rendirte, como decía una canción de Joan
Manuel Serrat, viene y te da un beso en la boca.
El San José afrontaba el partido
ante el Atlético Onubense bajo mínimos. Después del último tramo de
competición, que le abocó a tener que pelear por eludir el descenso, de sufrir
el Covid en cinco efectivos de su plantilla, de que la Federación le obligara a
jugar ante el filial recreativista sin casi poder entrenarse en los días
previos, cogidos con pinzas, con el duro golpe de la pérdida de Pelu, otro
aficionado que se fue demasiado pronto, y con Juan librando en la UCI el
partido más importante de su vida. Porque todo eso, que es lo importante de la
vida, convierten el fútbol en algo secundario y la mente de los cañameros no
estaba del todo en el Felipe del Valle, nadie esperaba que los puntos se
quedaran en La Rinconada.
Antes del comienzo, hubo tiempo
de rendir tributo a la familia de Pelu, con entrega de un ramo de flores, y
para mandar ánimos a Juan Hurtado con una pancarta, que rezaba “fuerza”, esa
que lleva demostrando desde que ingresó en el hospital por un inexplicable y
macabro capricho del destino.
Y ya con el balón en juego, parecieron
confirmarse los peores augurios, con dominio total de los visitantes y con el
gol rondando los dominios de Sebas, tiro al larguero incluido. El San José
estaba noqueado, cunado intentaba estirarse, llegaba otra ocasión de los onubenses.
La última, al filo del descanso, acabó en gol, aunque Heredia Díaz, el gaditano
encargado de impartir justicia, lo anuló por fuera de juego. Y, por aquello de
que mientras hay vida hay esperanza, el San José salió más desahogado en la
segunda mitad. Como la mente no deja de sorprendernos, toda esa rabia,
frustración, impotencia o incredulidad por cosas a las que, por mucho que se
les busca, no se encuentra explicación, se canalizó en un plus de energía, de
resistencia al desaliento, de garra, de no bajar los brazos y de gritar a los
cuatro vientos que no ha dicho, ni mucho menos, su última palabra. En el minuto
56, Horrillo empaló de cabeza un remate impulsado por todos los presentes en el
Felipe del Valle, que se coló en la meta onubense. Lo que era negro se
convirtió en colores y el ex del Castilleja, se fundió en la banda en un abrazo
con Mimi, el hermano de Juan, al que se sumaron todos los jugadores, en ese
aliento del que no se rinde ni pierde la esperanza.
Sin embargo, el fútbol, como la
vida misma, tenía reservado otro revés. En el minuto 63, cuando los cañameros
parecían haber hecho lo más difícil, David Díaz devolvía las tablas al marcador
y otra vez, la esperanza se tornó en frustración y lo que parecía la luz al
final del túnel se volvió un nuevo contratiempo.
Avanzó el partido con poco que contar, con tensa espera por si había un susto, por si algún error puntual, acaba por condenar al equipo cañamero. Y en el alargue, en el último suspiro del partido, cuando todos parecían resignados a un reparto de puntos insuficiente para los intereses azulinos, cuando no se podía ganar, apareció un actor inesperado, un juvenil, Dani Sánchez que, en un balón suelto en el área, metió la pierna y el balón, con suspense, se acabó colando en la portería visitante, desatando la alegría en todo el estadio, poniendo de manifiesto aquella frase de John Lennon que decía “al final, todo saldrá bien y, si no sale bien, es porque no es el final”. El San José ganaba y salía del descenso con un espaldarazo anímico que tiene que verse reflejado en los próximos encuentros, que serán el Jueves Santo, en Aroche (12:00 horas), y el Domingo de Resurrección en Bollullos del Condado (18:30 horas). El fútbol y la vida tienen estas cosas. Los milagros existen. Conviene no olvidarlo cuando se vea todo negro.