Las autoras debatieron en el marco de Espacio Violeta de Estación de las Letras sobre sus procesos creativos, sus obras, referentes literarios femeninos y las presiones de una industria que aún mercantiliza la figura de la "poeta joven". “Me revuelvo mucho contra esta idea de la poesía como algo hermético, estático, inamovible, que no se puede acceder”, subrayó Melchor
La Sala Maga recibió a las poetas Paula
Melchor y María Limón en Espacio Violeta de Estación de las Letras. Un
encuentro literario conducido por la periodista y también poeta Pepa Violeta,
este año bajo el título ‘Mujeres de verso en pecho’ que quiso rendir homenaje a
Gloria Fuertes y reivindicó la presencialidad —el "palparnos
físicamente"— frente a la frialdad de las pantallas. Las invitadas de la
jornada ofrecieron una disección profunda de sus obras, sus procesos creativos
y la realidad, a menudo hostil, del ecosistema editorial contemporáneo.
Pepa Violeta inició el encuentro presentando a ambas autoras. Paula Melchor está graduada en Literatura Comparada por la Universidad de Granada y ha cursado el Máster en Estudios Literarios y Teatrales de la misma universidad. ‘Amor y Pan’ (editorial letraversal) es su primer poemario y ha sido galardonado con él I Premio de Poesía Letraversal por su capacidad de construir un imaginario poético desde la propia imagen y por apostar también, por una poética del objeto y de los espacios de interiores. ‘Conjuro’, publicado también en la misma editorial, es su nuevo trabajo.
Sobre María Limón refirió que escribe una tesis sobre literatura iberoamericana, imparte clase en la Universidad de Sevilla, coordina talleres sobre poesía. Sus poemas han aparecido en las revistas Zéjel y Caracol nocturno, y en la antología ‘Cuando dejó de llover’. ‘Los Bordes’ es su primer poemario.
Durante la charla, ambas autoras coincidieron en describir la escritura poética como un proceso en constante evolución. Paula Melchor explicó cómo su primer poemario nació de la necesidad vital de fijar la experiencia de la soledad y la emancipación, mientras que su obra más reciente se aleja de la subjetividad íntima para explorar la imaginación y la ficción. "Ser poeta me sucedió", confesó Melchor, citando a Ángela Segovia y defendiendo la poesía desde el asombro y la "no prisa".
“Amor y pan’ es un libro que escribí con esa necesidad de dejar plasmado qué
es lo que me estaba pasando en ese momento. También es un libro muy de la
soledad, muy de hilo de tu casa, de tu pueblo. Creo que es algo también
bastante generacional nuestro. Y luego, sin embargo, con ‘Un conjuro’, que es
mi último poemario, que se publicó en 2025, no me pasó eso, no sentí tanta
necesidad de plasmar algo, sino que más bien buscaba imágenes y buscaba
historias que estaban un poco más allá de mí misma. Creo que ese lugar de la
poesía también es muy interesante y que muchas veces no se le permite al género
poético, porque siempre lo asociamos a algo íntimo y subjetivo, que, por
supuesto lo es, pero creo que también la poesía tiene una capacidad de
imaginación, de llevar de otros sitios más allá de ti mismo”.
Por su parte, María Limón, autora de ‘Los Bordes’, destacó que la escritura surge cuando la oralidad se resiste. Limón defendió el uso del poema como una "máscara" consciente para abordar temas complejos como la violencia o el tránsito a la adultez.
“Valoro mucho una cosa que me da la poesía que es la capacidad de usar una máscara para hablar de ciertas cosas que me preocupan, pero, aun así, el poema siempre es una ficción, siempre es algo que estamos modulando. Un poema no es una confesión, no es una biografía, entonces sí que está la preocupación por hablar de ciertos temas, pero también la capacidad de poder modularlo, de decidir cómo lo vas a decir, en qué lenguaje, en qué código”, sentenció María Limón, recordando el consejo del editor y poeta Javier Fernández sobre la importancia de aspirar simplemente a ser una "buena poeta" escuchando lo que pide el texto.
Uno de los momentos más reveladores del diálogo fue el análisis de un eje temático que atraviesa, sin haberlo pactado, la obra de ambas escritoras: la comida y el acto de alimentarse. Con un fuerte arraigo mediterráneo, la mesa y la sobremesa emergen en sus versos como símbolos de compañía, cuidado y comunidad.
En ‘Amor y Pan’, estructurado en torno a las comidas del día, la ausencia de alimento es sinónimo de soledad tras abandonar el hogar materno, evocando la cita de Susan Sontag que abre el libro: "Me encanta comer, pero me es muy difícil comer cuando nadie me alimenta". De igual forma, en ‘Los Bordes’, el vacío del cuerpo en las primeras secciones da paso, hacia el final de la obra, al afecto simbolizado en el acto de que otra persona te alcance algo de la alacena.
El encuentro también sirvió como plataforma para denunciar la
invisibilización histórica de las escritoras y los vicios de la industria
actual. Limón y Melchor reivindicaron una genealogía propia, citando a
referentes como María Auxiliadora Álvarez, María Mercè Marçal o Ángela Segovia.
Sin embargo, advirtieron sobre los peligros del mercado actual, que tiende a
coronar a autoras muy jóvenes exponiéndolas a una presión mediática asfixiante
y exigiéndoles erigirse como la "voz de una generación".
Ambas criticaron duramente la tendencia de algunas editoriales a valorar los manuscritos en función del número de seguidores en redes sociales, convirtiendo la promoción literaria en mercadotecnia. "Si una editorial evalúa por seguidores, conviene preguntarse qué papel se quiere ocupar", reflexionó Melchor. Frente a esto, elogiaron el papel de sellos independientes como Letraversal, descritos como verdaderos "oasis" que cuidan a sus autores. Asimismo, Limón desmontó el mito de que "se publica sobre todo a mujeres", recordando que las cifras siguen favoreciendo a los hombres y que la reciente explosión de literatura sobre temas como la maternidad responde a un vacío histórico previo.
El acto culminó con un emotivo intercambio en el que cada poeta leyó versos de la otra, seguido de un turno de preguntas donde compartieron las dificultades de publicar un primer libro. Lejos de romantizar el éxito, recordaron los múltiples rechazos sufridos (el libro de Melchor estuvo a punto de quedarse en un cajón y el de Limón partió de un premio declarado desierto) y señalaron el carácter aleatorio de los jurados.
La conclusión de ambas fue unánime: frente al ruido y la sobreexposición, el verdadero refugio del escritor está en la comunidad. Las revistas, los talleres de lectura, el diálogo con amigas y el respeto mutuo son las verdaderas herramientas para sostener la vocación literaria. "Que te lea una persona ya es un milagro en poesía", concluyeron.