Estación de las Letras hizo parada en el CRAES en Letras de Cine, novedad este año, que contó con la presencia de la escritora Espido Freire, especialista en literatura inglesa del siglo XIX, para hablar de la obra ‘Cumbres borrascosas’ de Emilie Brontë y sobre su adaptación cinematográfica de 1939 que fue proyectada
Tarde cinéfila y literata la vivida ayer en el Centro de Artes Escénicas y Visuales de La Rinconada (CRAES) en el marco de Estación de las Letras, que encara su recta final, dentro de Letras de Cine, un proyecto diseñado para honrar y desmenuzar grandes obras de la literatura universal que han dado con éxito el salto a la gran pantalla y que coordina el periodista y gestor cultural Rafael Jurado (Premio Almudena Grandes 2025).
En esta ocasión, el ciclo ha analizado ‘Cumbres Borrascosas’, la inmortal novela de Emily Brontë, contando con la participación excepcional de la escritora y filóloga inglesa Espido Freire, gran especialista en la literatura británica del siglo XIX, en un debate que sirvió para confrontar la crudeza original del texto decimonónico con sus múltiples adaptaciones cinematográficas, viajando desde el Hollywood clásico hasta las versiones más recientes.
Fue la I Teniente de Alcalde y delegada de Cultura, Raquel Vega, la encargada de abrir este encuentro y dar la bienvenida de nuevo a la autora, que ya visitó La Rinconada y fue reconocida en 2017 con el Premio Factoría Creativa de las Letras. Vega refirió que “la mirada de Espido Freire sobre estas mujeres y sus reescrituras cinematográficas es el empeño de una escritora contemporánea que nos recuerda que las pasiones que nos fundan —el deseo de independencia de Austen, el aislamiento salvaje de las Brontë— siguen siendo las mismas… los dramas decimonónicos, los fantasmas del páramo y los dilemas de estas escritoras universales son un espejo afilado en el cual el siglo XXI debe mirarse para comprender sus propias heridas”.
“Espido Freire dialoga con autoras como Jane Austen o las hermanas Brontë de igual a igual, despojando a sus obras de ese corsé del romanticismo de postal para devolverles su verdadera naturaleza: la de creadoras subversivas que convirtieron el aislamiento en una trinchera de libertad”, señaló la edil de Cultura.
Por su parte, Espido Freire centró gran parte de su intervención como filóloga en la necesidad de contextualizar la obra para no caer en anacronismos o lecturas sesgadas. “Es muy difícil hablar de Cumbres Borrascosas sin hablar de la poesía que leían las hermanas Brontë, especialmente bajo la sombra alargada de Lord Byron”, explicó la escritora. “No podemos entender a Heathcliff, su relación con la naturaleza, con el odio o con Catherine, sin entender al héroe byroniano. Muchos personajes con gran carga de lo que hoy llamaríamos 'toxicidad' proceden de ahí y de modelos shakespearianos como Macbeth o Hamlet”. Así subrayó: “Esta novela es importante contextualizarla, si no corremos el riesgo de un presentismo que la va a desdibujar”.
Freire se mostró crítica con las adaptaciones cinematográficas más recientes que, a su juicio, buscan complacer de forma artificial las tendencias de las nuevas generaciones: “El gran problema de la última versión es que no respeta en absoluto el contexto, sino que se lo trae directamente al gusto de los espectadores más jóvenes. Es una historia centrada en una obsesión, donde la atracción sexual y la agresión es de una forma mucho más descarada”.
Un entorno de violencia y miseria
Lejos de la idealización amorosa, los ponentes coincidieron en que la novela original es un relato profundamente hostil y violento. El moderador del encuentro, Rafael Jurado, recordó la dureza que muchas veces el cine dulcifica: “Cuando leí la historia de adolescente me quedé con la pasión desaforada, pero al releerla años después te das cuenta de que es una novela violenta en extremo. Hay maltrato constante, puñetazos a las mujeres, patadas en el suelo... es una violencia tanto física como psicológica terrible”.
Espido Freire respaldó este análisis aportando datos históricos sobre el entorno real en el que Emily Brontë concibió la obra: “Las Brontë no eran ajenas a esa violencia; eran hijas de Yorkshire, una zona climatológicamente muy hostil y con problemas endémicos como el alcoholismo y una crisis económica brutal por la industrialización”.
La escritora recordó las trágicas condiciones de vida en Haworth, el pueblo de las escritoras: “Tenía una de las tasas de mortalidad infantil más elevadas del Reino Unido, 72%”. Además, cuando muere la madre, cuatro de las hermanas, entre ellas Emilie y Charlotte, ingresan en un internado para hijas de párrocos pobres, donde murieron las dos hermanas mayores por las terribles condiciones del internado. Esta estancia y muertes marcarían a las hermanas, Charlotte escribiría ‘Jane Eyre’ y Emilie ‘Cumbres Borrascosas. “Emily creció con la primera impresión de que la vida es terrible, y volcó toda esa rabia en el texto”.
“Además su hermano se alcoholiza, les trae la vergüenza, les trae en cierto nivel de pobreza porque se gasta los ahorros de su padre, y por lo tanto es muy consciente de que la vida no es un cuento”, señaló la ganadora del Premio Planeta.
Una novela extraordinariamente moderna para su época
También analizó la sofisticada estructura narrativa de la novela, calificada como una arquitectura perfecta y extraordinariamente moderna para su época. La novela utiliza una técnica de “muñecas rusas” o “cajas chinas”, con una historia principal enmarcada dentro de otra, contada a través de múltiples narradores cuya fiabilidad es cuestionable, como el inquilino Lockwood y el ama de llaves Ellen.
“Esta polifonía de voces, que incluye testimonios y cartas como la de Isabella, obliga al lector a cuestionar la veracidad de los hechos y demuestra una aguda percepción psicológica”.
El diálogo profundiza en la motivación de los personajes, subrayando que sus decisiones están regidas por el insalvable conflicto de clases, un concepto más determinante en esa época que el propio dinero. “La clase es inalienable en la época de las Brontë. La decisión de Catherine de casarse con Edgar Linton, a pesar de su amor por Heathcliff, no es una simple traición romántica, sino la consecuencia lógica de la imposibilidad de que Heathcliff, de origen incierto, se integre en su estatus social. Aunque regrese envuelto en oro, nunca pertenecerá a esa clase”.
“Por tanto, la terrible venganza de Heathcliff no se interpreta como un acto puramente personal, sino como una respuesta a la frustración de ser excluido por un sistema social rígido e infranqueable”, destacó Freire.
La adaptación cinematográfica de William Wyler
El encuentro concluyó justificando la proyección de la célebre versión cinematográfica de 1939, dirigida por William Wyler y protagonizada por Laurence Olivier y Merle Oberon.
A pesar de ser un producto de su tiempo, con una estética y una retórica actoral propias del Hollywood clásico, Espido Freire argumentó que esta versión es la que mejor ha sabido trasladar a la pantalla la esencia “sucia, sobrecogedora y cruel” de la novela. Admitió que, como en otras adaptaciones clásicas, existen licencias y elementos que pueden parecer anticuados, como los peinados o ciertos escenarios. Sin embargo, invitó al público a superar esa barrera inicial y a sumergirse en su “horrible cueva de Polifemo”, despojándose de la mentalidad actual para conectar con la pasión, la crueldad y la tensión ominosa que hacen de esta película un clásico imperecedero y la adaptación más fiel al espíritu de la obra de Emily Brontë.