Al margen de Carmen Mola, el escritor y guionista presentó la que es su sexta novela firmada con su nombre propio, la historia de una saga en el contexto histórico del siglo XX creada desde retazos de su propia familia
Antonio Mercero es – junto a Jorge Díaz y Agustín Martínez – parte en esa voz coral llamada Carmen Mola que, mediante seudónimo, se ha hecho un hueco en la literatura. Pero con su nombre real, el guionista y escritor también tiene una voz propia, canalizada en 6 libros. Con el más reciente se ha adentrado como escritor en una faceta más íntima y personal. Es 'Está lloviendo y te quiero’, novela con la que llegó este jueves a la penúltima parada de Estación de las Letras.
El hallazgo en una plataforma de ventas de un reloj de pared del siglo XIX, construido por Ramón Mercero, tatarabuelo del autor y relojero de Lasarte, fue el “chispazo creativo” para dar vida a los Yarza, trasunto de su familia con cierta base real, y la historia de la saga a partir de ese reloj.
La historia arranca cuando Paula, cuarta generación de esta familia, recibe la pieza, que provoca el infarto de la madre nada más empezar el libro. Porque el reloj viene acompañado de una suerte de maldición, un mensaje que bloquea su mecanismo y que – 500 páginas después – es el final de la novela.
Un reloj incomprendido, personaje e hilo conductor
Esa frase no es otra que el título, ‘Está lloviendo y te quiero’. Un verso sencillo de un niño dedicado a una niña, y que tomó de un guion realizado por su padre – el famoso Antonio Mercero de, entre otros éxitos, ‘Verano azul’ – que quedó en un cajón.
Denominado “el incomprendido”, el reloj es un personaje principal. Al tratarse de una familia a lo largo de cuatro generaciones, y “a menos que seas García Márquez”, unos personajes van dando relevo a los siguientes. “Que el reloj pase de generación en generación a mí me sirve de tronco”, explicó.
Mercero avisó de que “no tengo cadáveres en la página dos”, en contraposición a su producción con Carmen Mola. “Aquí me he ido a otro sitio”, es un cambio de tercio a otro registro totalmente distinto. Y aunque sí hay muertos, “porque el siglo XX español es muy negro y dejó muchos muertos”, podría decirse que son colaterales y no provocados por la historia en sí.
Paso y relatividad del tiempo
Al respecto señaló que “es tan poderoso contexto histórico que tienes que estar poniendo contención para que no se coma a la a la trama”, que no es otra que la historia de esta familia “con sus amores, sus esperanzas, sus penurias económicas por culpa de la guerra, las represalias políticas, las persecuciones, las traiciones”. Desde la entonces aldea de Lasarte, “caja de resonancia de lo que pasaba en España”, los miembros de la familia van siendo colocados en momentos históricos del pasado siglo, dotando así al relato de un trasfondo potente y creíble.
Que el reloj sea el “hilo conductor” lleva a la “evidente metáfora del paso del tiempo”, pero también “la relación entre el tiempo y la psicología, en el contexto de cada época”. Porque “no es lo mismo el sentido de porvenir en 1940, cuando no sabes ni siquiera si vas a tener un plato de comida o el sentido de porvenir que tenemos hoy. Cambia mucho el concepto del tiempo”.
Una identidad construida desde silencios
Junto al inexorable paso del tiempo, Mercero también ha abordado la identidad a partir de silencios heredados. “Hay relatos familiares de la guerra y la posguerra que están construidos sobre un manto de silencio. Historias claramente deformadas por razones fáciles de entender de vergüenza, de convivencia o de supervivencia”. Por eso, la última parte de la novela es una reflexión “sobre la identidad, la memoria, los relatos de familia unívocos y la importancia de dar más voces a cada relato familiar”.
Habló el autor de cómo “ese contexto histórico le pasaba a la gente por encima”, cómo “arrolla la Historia” y “tenías que posicionarte” aún sin querer. No ya con la ideología, sino con la familia y la supervivencia. Y, a pesar de todo, los personajes “van arañando felicidad a la vida en condiciones extremas. Eso le da esperanza a este a esta historia”, apostilló.
Conexión personal del autor
Una historia más pausada, lenta en el buen sentido, que permite saborearla y disfrutarla, desde la emoción y la intriga. Una novela con una “conexión muy personal, escrita casi con el corazón en la mano. Hablo de mi familia paterna, deformando muchas cosas”. Reconoció “momentos de bloqueo porque me daba vergüenza seguir”, al mismo tiempo que sentía “miedo a ofender a la gente que aún está viva”.
Y todo desde una intimidad y una intriga creada de forma cercana. “Conseguir intrigar con elementos sencillos tiene que ver con la honestidad de la literatura, sin grandes artificios, de ir construyendo algo que tiene sentido. Y de pronto un día ya estas escribiendo y muy metido en los personajes”.
Aunque explicó que “el mercado tiende a encasillarte”, aquí ha podido dejar su faceta de escritor de sangre y muertes para pasar a la intimidad y buscar otro enfoque y otro repertorio. Con las “inseguridades de escribir solo”, pero “con esa cosa embriagadora de que eres soberano de tu historia”. Ello escribiendo a la vez “a seis manos” ya la segunda parte de una nueva trilogía de Carmen Mola de la que pronto saldrá la primera novela; “empezando a tramar” otra con su nombre y explorando la novela juvenil. Todo para no caer “en la autocomplacencia ni en la pereza, los dos enemigos de los escritores”.