Soderín Rinconada viaja a Moscú
Con la ilusión por bandera
Con los ojos un poco pecados por el madrugón la expedición del Club Bádminton Soderin Rinconada partió hacia Moscú a la conquista del Campeonato de Europa. En las maletas, ligeras de equipaje pero repletas de ilusión, plumas, raquetas y un escudo, con un municipio volcado detrás, por el que merece la pena dejarse la piel en la pista.
Los pupilos de Antonio Molina, curtidos en mil batallas, se tomaban el ajetreo del viaje con normalidad, como si no fuese con ellos. Eran más los que viajamos con ellos, a los que nos sobrevolaba un cosquilleo en la boca del estómago, los que teníamos la sensación de estar viviendo una experiencia única.
El trayecto se hizo un poco largo, pero, gracias a que respetó la climatología, pudimos apreciar, por ejemplo, Los Alpes en todo su esplendor, con las nieves perpetuas saludando a nuestro paso.
Tras el aterrizaje y el eterno control de pasaportes, subimos a un autobús rumbo al Sanatorium Sosni, residencia en la que nos alojamos y que se encuentra a una hora larga de Moscú. Se trata de un recinto muy amplio, con dos edificios principales, piscina climatizada, zonas deportivas y varias hectáreas de terreno de esparcimiento.
Tras alojarnos, toda la comitiva se reunió en torno a la televisión para disfrutar, en territorio enemigo, del partido de fútbol de la Eurocopa que enfrentó a España y Rusia. El triunfo patrio hizo que los lugareños nos miraran con recelo, tal vez temiendo que fuese una premonición de lo que ocurra en el Campeonato a partir de hoy. Ojalá se así.
Tras el partido, teniendo en cuenta el cansancio del viaje y la diferencia horaria, nos fuimos a dormir. Pero en esta época del año en Moscú hay casi 20 horas de luz y no existen las persianas, por lo que habrá que buscar alternativas