Antonio Serrano Fernández, Francisco Peregrín Ramón, Cristóbal García Cano, José Campanario Álvarez, Manuel Ávila Sánchez, Antonio Fernández Rodríguez, Manuel Martínez Lara, Juan Morilla Guzmán y Fernando Serrano Hurtado, se sucedieron en los seis primeros escaños socialistas del Ayuntamiento. Fueron Gobierno con el PCE y oposición al PCE
"El PCE, era mucho PCE, estaba muy organizado y tenía una base social muy fuerte y arraigada en La Rinconada, y a eso, súmale el tirón de Pepe Iglesias", como recuerdan sin titubeos todos y cada uno de los concejales de la época entrevistados. Con esos mimbres, a nadie extrañó el cesto de la mayoría absoluta, ni siquiera a los viejos socialistas en activo a quienes fechas antes se unió sangre nueva y roja: la de 'los niños de la Azucarera', como llamaron a Antonio Fernández, Vela, Polo, Moreno, Francisco Plaza, Contreras, Ángel Ríos, …, y la de gente siempre afín, como Manolo Ávila, Juan Morilla o Manolo Morón.
Entre unos y otros hicieron la campaña que pudieron con la ilusión por el cambio por delante, pegando con maestría los escasos carteles, con el boca a boca, los mítines y estando presentes en cada una de las reivindicaciones sociales de los vecinos.
El PSOE buscó como candidato para el estreno a una persona de prestigio, culto, preparado y muy conocido, maestro de profesión: el recientemente desaparecido Antonio Serrano. Pero no fue posible, pese a que en La Rinconada-pueblo "se consiguieron sólo 41 votos menos", como recuerda Ávila. Ese día, los socialistas se acercaron a la sede del PCE a felicitarles.
Con Serrano, fueron titulares como concejales Campanario -que por el pacto ocupó hasta el 81 la primera Tenencia de Alcaldía-, García Cano -hombre comprometido y al que el partido recurriría en más de una ocasión-, Martínez Lara -de familia socialista de siempre-, Peregrín -del que destacan sus valores y convicciones socialistas, su generosidad y solidaridad-, y Fernando Serrano, un fichaje de última hora 'robado' a los comunistas que permaneció sólo tres meses en el cargo, entrando en su lugar Juan Morilla.
En 1981 diferencias irreconciliables y el bulle bulle estratégico, hacen que comunistas y socialistas rompan y se produzcan movimientos internos que preparen para las siguientes elecciones municipales 'el asalto' a la Alcaldía. Dimite Antonio Serrano y el partido decide que Antonio Morales Campón no tome posesión para dar paso a Antonio Fernández Rodríguez, quien ocuparía la portavocía del grupo ya en oposición. Poco tiempo después, Martínez Lara hace lo propio y la renuncia de García-Vaquero deja expedito el camino para ‘la referencia’ en el pueblo: Manuel Ávila, sindicalista de UGT absorbido por los convenios que, sin embargo, supo dar el paso adelante.
La estrategia no les falló y en 1983 obtuvieron la primera mayoría absoluta socialista en La Rinconada.