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Manuel Ardoy: "Eternamente agradecido"

Fue el segundo alcalde democrático de La Rinconada y el primero socialista. Aunque estuvo sólo una legislatura "dando continuidad al esfuerzo del Partido y de los compañeros que trabajaron por el socialismo desde la clandestinidad", sigue recibiendo muestras del cariño, recuerdo y respeto de la gente

Ardoy siempre habla en plural. Es imposible colgarle una medalla que no sea colectiva y eso que, con su candidatura -no permite que se diga que con él como candidato-, el PSOE logró arrebatar al PCE una más que absoluta mayoría en el Ayuntamiento y el Gobierno del pueblo (consiguió 10 concejales de 17).

Hace 26 años de aquel 1983 en que tomó posesión como alcalde al frente de un "equipo muy preparado políticamente, con muchas ganas y mucha ilusión por trabajar por el pueblo". 'Por el pueblo' fue su eslogan de campaña en claro paralelismo con el 'Por el cambio' que llevó a Felipe González a obtener un año antes la mayoría absoluta que lo convertiría en Presidente del Gobierno español. Su imagen y sus carteles electorales se prolongaron un año más para aprovechar el tirón.

Ardoy se afilió a UGT en 1977 y al PSOE en 1982. Desde joven había tenido inquietudes en política interesándose por los problemas de la gente. Antes de acabar los estudios que lo convertirían en maestro, ya daba clases de verano en Cabezas de Familia en apoyo de los que menos recursos tenían, una petición de Cristóbal Blázquez a la que respondió con gusto. Ese talante, y su "buen cartel" -era monitor de deportes en La Paz y en el Júpiter- hizo que despuntara y se pensara en que podría ser un buen concejal de Educación, Deporte y Cultura, como le ofrecieron Vela y Campanario, dos de los socialistas encargados de preparar la estrategia de 'asalto' a la Alcaldía, entonces en manos de un cada vez más debilitado Partido Comunista.

Poco tiempo duró aquel ofrecimiento porque enseguida comenzaron con el ‘acoso de derribo’ para convencerlo y que aceptara ir como cabeza de cartel. Y lo consiguieron. Configurar la lista no fue un problema: "el Partido había hecho un buen trabajo mezclando a pesos pesados locales como Vela, Campanario, Ávila, Fernández, Peregrín o García Cano con jóvenes valores como Antonio Muñoz e independientes como Andrés Serrano o Enrique Abad".

El candidato sabía que iban a ganar y que sería el próximo alcalde. Lo que no se imaginaba es que se iba a conseguir la primera mayoría absoluta socialista, un éxito que comparte "con los muchos socialistas que trabajaron en la clandestinidad y los que configuraron la primera lista de gobierno conjunto con el PCE; ellos prepararon nuestra llegada".

Ya en el Gobierno cogió las riendas incluso antes de la toma de posesión y dirigió "la activación del pueblo; la dinamización". "Había que cambiar la visión que tenían de nosotros y defender la contratación de rinconeros. Y nos fuimos a los tajos". "Había que dar dignidad a las calles, construir colegios, ofrecer alternativas para los jóvenes en deporte y vida sana" (se construyeron el Maestro Antonio Rodríguez junto al arroyo y su parvulario, el colegio Guadalquivir en La Rinconada y pistas deportivas en los centros; arrancó el Patronato de Deportes, la Carrera Popular y el Día de la Bici). "Había que solucionar problemas heredados como los pisos de Santa Cruz o el adecentamiento de La Estacada".

Sin dejar por un minuto de alabar la labor de Antonio Muñoz, recuerda que "cogió el presupuesto con 170 millones de pesetas" y lo soltó cuatro años más tarde con "más de 500 millones". Pero Ardoy, rozando la treintena, tenía muy claro que "no venía a la política a quedarme, que no quería perder la vinculación con mi profesión y que, por edad, no podía estar más tiempo en primera línea". Además, consideraba que "había compañeros igual de bien preparados para asumir el protagonismo". Fue una firme decisión personal la que le llevó a combatir contra viento y marea la lluvia de propuestas que recibió para que siguiera al frente de la siguiente candidatura. Y 1987 dejó paso. La última foto institucional -y casi una de las últimas públicas- se hizo en la puerta del Ayuntamiento escenificando con un apretón de manos el traspaso de poderes al segundo alcalde socialista de La Rinconada: Enrique Abad.

Hace 22 años que dejó de ser alcalde y, lejos de convertirse en un 'jarrón chino' (cita de Felipe González alusiva a lo 'incómodos' que pueden llegar a sentirse los ex), supo volver a ser "un ciudadano de a pie", una realidad sólo rota por las múltiples muestras de cariño que, al paso, recibe de los vecinos y que devuelve en forma de sonrisa, charla o saludo. "Ése es el mejor pago que he recibido de mi paso por la política y por el que estaré eternamente agradecido a mis vecinos".

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