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El deseo de ser un ironman

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José Claudio Sánchez Álvarez es desde hace unas semanas el primer rinconero en hacer un Ironman, la prueba atlética más dura que existe con lo que cumple un sueño que en principio parecía irrealizable y descabellado

El orgullo se refleja en sus ojos y la emoción embarga su voz cuando narra la hazaña que lo ha convertido en el primer rinconero en realizar un ironman, con el plus añadido de que eligió el triatlón más duro del mundo debido a las condiciones geográficas del terreno, los Alpes franceses. De complexión delgada y aún recuperándose del sobreesfuerzo realizado, resulta increíble que este joven, aparentemente normal, haya realizado tan enorme proeza.

"Tenía claro que quería hacer esta prueba desde hace tiempo, el ironman más duro que existe, el Embrunman". Conseguir llegar a ser un "hombre de hierro" no es nada fácil. Hay que superar una prueba que tiene casi cuatro kilómetros a nado, 188 en bicicleta, un maratón de 42 kilómetros con más de  500 metros de desnivel, y terminar todo en menos de 19 horas.

No todos están llamados a lograrlo. Los requisitos para alcanzar este sueño, aparte de tener una excelente preparación física, son "una gran capacidad de sacrificio y una mentalidad fuerte", porque como dice José Claudio "compites contigo mismo de diez a veinte horas, la soledad es aplastante y no tienes a nadie que te ayude".
A esa soledad decidió enfrentarse este rinconero de 30 años, amante del deporte extremo, con la única compañía de su fuerza interior y la esperanza de superar un desafío que se le quedará grabado a fuego en cada poro de su piel.

Cuando a las seis de la mañana comenzó a nadar, en un bello lago alpino, a oscuras y con más de 1.000 participantes, cuando los golpes y puñetazos empezaron a llover de todos lados, José Claudio supo que había iniciado su viaje a "la antesala del infierno".
"La oscuridad era total, éramos muchísimos los competidores que luchábamos en el agua y recibía impactos en todo el cuerpo. Luego empezó a amanecer y la calma surgió, aunque no duró demasiado tiempo".

Con el cuerpo aún mojado y dolorido empezó el segundo segmento de la competición: coronar cinco puertos de montaña en bicicleta, una etapa reina del Tour de Francia que puso a prueba el valor y las piernas de este temerario. Acabar la competición era su primer objetivo, el que todos conocían. Su propósito interior, el que no dijo a nadie por miedo o tal vez porque era demasiado íntimo, era quedar entre los 70 primeros y terminarla en menos de doce horas.

Al final no pudo ser, el maratón, le jugó una mala pasada. Hacia la mitad comenzaron los vómitos, desgarros musculares en el abdomen, un dolor insoportable, un final que cada vez veía más lejano después de todo el sacrificio que llevaba realizado.

"Pensé en abandonar a cada paso, ya no corría, me arrastraba como podía, pero gracias a mi novia, Sonia, a un grupo de españoles y al público asistente seguí adelante". Un público que enmudecía cuando veía a un hombre que apenas se sostenía en pie pero que aún así continuaba y luego prorrumpía en gritos y aplausos en un intento de dar las fuerzas que le faltaban a un competidor valiente y con un gran pundonor.

Cruzó la meta 14 horas y 33 minutos después, derrotado físicamente pero vencedor espiritual de lo que él mismo llama "el infierno". Habrá quien se pregunte qué necesidad hay de tanto sufrimiento, José Claudio lo tiene muy claro "a nadie le gusta sufrir, no lo hago pensando que va a ser algo horrible, me gusta plantearme retos y conseguirlos, son experiencias que se te quedan registradas en la memoria para siempre y eso me llena de orgullo".

Orgulloso por ser el primer rinconero y agradecido a todos aquellos que le han dado su apoyo para que este sueño se hiciera realidad, como el Ayuntamiento de La Rinconada y empresas locales.

José Claudio no se rinde y ya tiene nuevos proyectos a largo plazo, como clasificarse para el Campeonato del Mundo de Ironman que se celebra en Hawai.

Lo cierto es que la gesta conseguida no deja indiferente a nadie. Algunos lo verán como un deportista, otros como un loco, él se ve como un "finisher", porque acabó la prueba más dura del mundo dominando su cuerpo y su mente, y porque comprendió que el ser humano puede realizar grandes proezas que a veces parecen inalcanzables.

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