Testigo directo del auge comercial que ha experimentado la calle Málaga, Angustias Martínez derrocha simpatía y naturalidad tras el mostrador del 'Kiosko Encarnita', una tienda emblemática del municipio que abrió su madre en el año 1969
Angustias se hizo cargo del negocio familiar una vez que su madre falleció, si bien la ahora propietaria lleva toda su vida trabajando en el quiosco.
"Tengo recuerdos de cuando era pequeña y mi madre abrió la tienda para vender vino a los albañiles que construían los pisos de la calle Juan de la Cueva, pensando que más adelante cuando las familias habitaran las viviendas podría ampliar el negocio vendiendo chucherías a los niños".
El tiempo le dio la razón a Encarnita y con el paso de los años incorporó a su oferta juguetes para los Reyes, artículos de verano y demás complementos que hacían del quiosco "un todo a cien de los de ahora", afirma Angustias. Esta diversificación le llevó a ir añadiendo poco a poco la venta de revistas, prensa diaria, productos de alimentación como pan y huevos, refrescos o algunos artículos de droguería.
"Incluso me he apuntado a las nuevas tecnologías y hago recargas de móviles, pero mi producto estrella siempre han sido las chucherías y para comprarlas he visto pasar por la tienda a abuelos, padres, hijos y ahora hasta a los nietos de una misma familia", apunta la propietaria.
Desde su pequeño observatorio, Angustias ha sido testigo directo durante 41 años del auge comercial que ha experimentado la zona y de los continuos cambios del tejido empresarial. En palabras de la dueña, "por los locales de los alrededores han montado tiendas de ropa, supermercados o bares, negocios muy variados pero que siempre han tenido algo en común: a mí como vecina".
Actualmente y tras la última reforma que hizo en 2007 para reducir el espacio de la tienda y poder construir una vivienda en la planta baja, Angustias intenta disfrutar de la vida y tomarse el trabajo con más calma.
"Sin deudas y con un negocio propio, ahora puedo permitirme el lujo de descansar los fines de semana y dedicar más tiempo a mi y a los míos, aunque eso no quiere decir que vaya a dejar de trabajar, porque estar en el quiosco es mi vida, me gusta y me entretiene", señala la propietaria.
Además, Angustias no podría dejar huérfanos de su naturalidad y simpatía a cuatro generaciones de vecinos cuya fidelidad hace que hayan dejado de ser clientes para convertirse en amigos y en parte de la familia.