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Una estricta planificación de futuro y unas saneadas cuentas que permitan aplicarla sin el imperio restrictivo del euro, pilares de la construcción de ‘La Rinconada que queremos’.
El alcalde, Enrique Abad, encara el tercer año de su presente mandato «consciente del importante momento histórico que estamos viviendo y del origen de un nuevo tiempo-ciudad que catapultará, con el esfuerzo de todos, a La Rinconada al mejor de sus destinos».
'La Rinconada que queremos’ ha dejado de ser un lema para convertirse en el
auténtico resultado del esfuerzo de toda una comunidad «por crecer de forma
ordenada y no sólo desde el punto de vista urbanístico, hacia el mejor modelo de
ciudad posible». Así lo entiende el alcalde, Enrique Abad, que en este número
final de 2005 avanza las líneas de la que será la recta final de su
mandato.Acuñando como nueva expresión, «el nacimiento de un nuevo
tiempo-ciudad», el primer edil resume «el importante momento histórico que
arranca ahora, con la aprobación inicial de un nuevo Plan General de Ordenación
Urbana y con una consolidación presupuestaria basada en el rigor y la
solidez», dos armas que Abad esgrime para hacer frente al «decisivo paso de
pueblo a ciudad».
El nuevo PGOU ha absorbido la esencia de lo que queremos
ser: «una ciudad abierta, humana, que ofrezca espacios públicos en los que
fomentar la interacción social, donde el protagonismo esté en las calles y el
transporte público y las comunicaciones nos ubiquen como municipio de referencia
metropolitana a través de la línea 3 del metro, la red de Cercanías, la SE-40 y
la autovía de acceso Norte». Y todo esto bajo tres premisas básicas: convertir a
La Rinconada en una ciudad donde se pueda invertir y trabajar; ofrecer
soluciones residenciales para todos los rinconeros; e integrar respetuosamente
el patrimonio natural y medioambiental de que disponemos. Es decir, adaptar lo
mejor de los modelos centroeuropeos conocidos y ajustarlos a la ideosincrasia
rinconera.
De esta receta se derivan logros tan evidentes como que «el
Ayuntamiento será el principal propietario de suelo empresarial para favorecer
que no cese la permanente atracción de actividades productivas generadoras de
riqueza y empleo para todos y todas».
A nivel residencial, se confirma que
«ningún joven rinconero que vaya a necesitar vivienda pública en los próximos
doce años se quedará sin ella», puesto que una de cada dos de las que se
contruyan, será protegida, lo que deriva en un cálculo de construcción de unas
100 viviendas/año que responde por completo al crecimiento vegetativo de la
población.
Bajo el tercero de los condiconantes de modelo de ciudad se pone
en carga al Guadalquivir y al Almonazar, como ejes de un proyecto de ocio
deportivo medioambiental, «que pondrá el sello rinconero en el mundo». En la
finca Majaloba «crecerá ‘Guadalrinconada’, un auténtico paraiso natural con
altas dotaciones deportivas y de ocio de la que todos los rinconeros y todas las
rinconeras podremos disfrutar».
Y todas estas grandes piezas encajadas con
las del día a día, con las de la llamada micropolítica y soportadas por unos
presupuestos que se nutren de los convenios urbanísticos y de los cerca de 100
millones de euros de ingresos que nos reportarán en los próximos años los
convenios urbanísticos y con los que La Rinconada actual se equilibrará en
dotaciones y servicios públicos a la naciente para alcanzar esa Rinconada única
que queremos.
Y prueba de ello, son los presupuestos para 2006 en los que se
incorpora una primera partida proveniente de los convenios urbanísticos de 13
millones de euros, la mayoría de los cuales se destinan a inversiones sociales
en servicios públicos de proximidad.
Un nuevo colegio, dos centros de salud,
la tercera guardería, otro centro municipal de formación para el empleo, más de
200 nuevas viviendas públicas, la piscina cubierta y otras nuevas dotaciones
deportivas, tres nuevos gimnasios cubiertos para colegios, El Cáñamo III, el
arroyo Almonazar, la Feria Única, un centro de formación hotelera en Torrepavas,
el apartahotel en Chipiona, y todo un ejército de operarios dedicados al
mantenimiento de calles y espacios públicos, centran la necesidad que demuestra
Abad de crecer a lo alto, pero también a lo ancho, con la firmeza de contar con
los pilares sólidos que conforman la satisfacción vecinal por la calidad de
vida.