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Antonio del Campo: “Para que tengamos quien pague las pensiones hay que ganar más Mundiales”

Cultura y patrimonio |

El exfutbolista y catedrático de Antropología presentó en Estación de las Letras ‘La Ley del Balón. El fútbol explicado a través de la ciencia’, un acercamiento al fútbol desde una perspectiva científica que analiza sus implicaciones entre el conocido como deporte y los sentimientos, las emociones e incluso la natalidad

Según Antonio del Campo, “el Betis no se puede experimentar si no es en gran medida condicionado, y durante mucha parte de su historia subsidiario, al Sevilla. No se puede entender el Betis sin el Sevilla. El Betis ha mirado durante muchas más décadas al Sevilla que al revés”.

Quien esto afirma es Antonio del Campo. Bético. También licenciado en Derecho, en Filología Alemana y en Antropología Social. Y no lo hace por menospreciar a un equipo, del que además es acérrimo seguidor y encumbrar al otro. Sino para ejemplificar que “pensamos el mundo dicotómicamente. El bien y el mal, el héroe y el villano” y que, con la ciencia, se explica tanto el mundo como las pasiones futbolísticas, como recoge su nuevo libro, ‘La Ley del Balón. El fútbol explicado a través de la ciencia’.

El escritor habla desde las entrañas del fútbol, que bien conoce como prometedor delantero al que una lesión truncó su carrera deportiva. Pero también – y a raíz precisamente de esta situación – de su faceta como antropólogo, disciplina de la que ejerce como catedrático en la Universidad Pablo de Olavide. Para Del Campo – “el profesor futbolero”, como le llaman los alumnos – el fútbol llega a ser un “metalenguaje para explicar la vida, un idioma común y claro, que permite hacer comparaciones para divulgar la ciencia”.

“El fútbol es un teatro en el que tiene que haber figuras arquetípicas”

Por ello, este nuevo libro – que viene a sumarse a los más de veinte de temas variados – es una imbricación “del fútbol a través de la ciencia y la ciencia a través del fútbol”. Porque, aunque no lo parezca, el fútbol ejemplifica mucho y bien para entender la vida. Y los sentimientos, la euforia y hasta la pasión. Así lo desentrañó, en un café literario que congregó a numeroso público en la Sala Maga a pesar de la lluvia, con la compañía – como entrevistador – de Eduardo Gil, jefe de Deportes de Canal Sur Radio, y del delegado de Hábitat Urbano, José Manuel Romero Campos.

Defendió Del Campo que “parece que del fútbol se ha dicho ya todo, hay mucha rutina, mucho estereotipo y se tiende a repetir siempre los mismos clichés” Sin embargo, puso de relieve que “esto es como la poesía sobre el amor. Se habrán escrito millones de poemas y nunca se acaba. Pues el fútbol es un tema absolutamente ilimitado, como cualquier cosa que apasione al ser humano”.

Igualmente, afirmó que el fútbol “es una especie de teatro en el que siempre tiene que haber figuras arquetípicas. Para que esto funcione tenemos que identificarnos con un héroe y con un villano”. Con el Sevilla y el Betis (o viceversa). Como es en definitiva en la propia vida, tendiendo siempre a una dicotomía dual para “clasificar el mundo”, y en la que “si no hay un bueno o un malo, pues se vive desmotivado”.

Desde la perspectiva científica, explicó también que el fútbol está detrás del aumento de la natalidad. Según resumió en la presentación, y como recoge en el libro, “la euforia que produce un gol en un Mundial o en una final es verdaderamente orgásmica. El cerebro se llena de dopamina y sobre todo de oxitocina, que es la misma sustancia que nos lleva a vincularnos a otras personas”. Hacia un amigo, un hijo, una pareja, pero también “amor tribal, necesidad de sentirnos apegados y de un colectivo”. Esos momentos llevan “a compartir, a abrazar, a besar”. Y si ese hecho se produce con “una persona con la que tengas cierta familiaridad, pues una cosa lleva a la otra… y a que efectivamente la natalidad suba”. Sin dudar en concluir con un consejo a los políticos: “para que tengamos quien pague las pensiones hay que ganar más Mundiales”.

También ahondó en otro aspecto del fútbol, el de la violencia, que entiende como “cierto desfogue”. Aunque en cada partido haya “miles de exabruptos”, especialmente dedicados “a la madre del árbitro”, señaló que se trata de “una violencia simbólica”, que convierte al fútbol en “una válvula de escape”, pero también en un “elemento civilizador”. Para acabar afirmando que “no es cierto que haya peligrosidad y que haya violencia en el fútbol, aunque esto no me lo publiquen los periódicos”.

El “secuestro de la amígdala” para explicar la impulsividad de los futbolistas

Con respecto a los sentimientos exacerbados e incluso la irracionalidad futbolística, el autor explicó el “secuestro de la amígdala”, de la parte del cerebro “más primitiva, que controla las decisiones más impulsivas”, y que explica los “cabreos” y cómo se deja llevar por las provocaciones el jugador madridista Vinicius. Al que aprovechó para recomendar “además de entrenar los cuádriceps trabajar el control de las reacciones”.

En las actitudes de los jugadores, pero también en las de la grada – que incluso, precisamente en este último caso, llegan hasta el racismo – “hay muchas variables. Sociológicas, antropológicas, pero algunas neuronales y neuropsicológicas que se podrían tratar”. Reflexionó sobre que “ciertas disciplinas se consideran apropiadas para ciertos ámbitos, pero para el fútbol no”. Y aunque ahora haya psicólogos en las plantillas, “hace 50 años nadie los contrataba en el fútbol. Lo mismo es necesario tener también a sexólogos, a paleontólogos, o un antropólogo social”. Porque, recordó, “los seres humanos somos primates que copiamos, lo hace uno y el resto lo hacemos todos igual”. Lo mismo es momento de, siguiendo su reflexión y su estudio desde la ciencia, meter otras disciplinas en el fútbol para que sea verdaderamente una fuente de ocio y disfrute y no un motivo de disputas y enfrentamientos. Seguro que leyendo ‘La Ley del Balón’ la ciencia y el fútbol encuentran más puntos comunes para entenderse ambos mejor.

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