La periodista y creadora de contenidos presentó en la biblioteca de la Hacienda Santa Cruz ‘Los tesoros de Mima’, un cuento inspirado en su abuela para trabajar y transmitir valores, que supone su primera incursión en la literatura infantil
Lo que se vive con los abuelos nunca se olvida. Sus enseñanzas tienen un valor incalculable. Como el que recoge ‘Los tesoros de Mima’, el cuento con el que Wanda Cabrera ha hecho escala en Estación de las Letras, bajando en el andén de la biblioteca de la Hacienda Santa Cruz – tan cercana al otro tren que también vertebra la historia del pueblo – para protagonizar un cuentacuentos para niños y niñas con el deseo de mostrar, a través de la literatura, el valor de las pequeñas cosas del día a día.
Mima es la protagonista, pero también la abuela de Wanda Cabrera. Una persona “muy importante para mí”, reconoce; a buen seguro inspiradora, y que le legó toda la sabiduría que los abuelos adquieren con el paso de los años. Cuando Mima murió, la autora pensó en “recopilar todas las enseñanzas que ella me dio para intentar transmitirlas, especialmente a mis hijas”.
Estas enseñanzas son, como indica en el título, tesoros, “invisibles pero necesarios”. Con este libro, Cabrera pretende que los pequeños lectores “aprendan lo que es la empatía, el compartir, el tratar a los demás por igual… Pequeños valores que me gustaría que se quedaran como esos tesoros que son”.
Tesoros incalculables e intangibles
Los abuelos no enseñan mediante lecciones de filosofía o de antropología, sino con el cariño y el cuidado en el trato diario. En el cuento, Mima enseña a Nayra, la niña que – como en su día Wanda – va a diario a casa de su abuela, “valores mediante situaciones cotidianas. Como el momento de compartir un trocito de chocolate, que a ella le encanta”. O también cuando “conoce a personajes que van apareciendo en el cuento y aprende a no juzgar a nadie por sus apariencias”.
Estas enseñanzas van llenando de contenido incalculable e intangible la historia y el frasco de los tesoros de Nayra, hasta llegar al “más importante”, el tesoro final. “La abuela le regala un espejo para demostrarle y decirle que el mayor tesoro es uno mismo”. Acrecentado sin duda con esos valores adquiridos y compartidos a lo largo del relato.
‘Los tesoros de Mima’ es también con ello una puesta en valor del papel de los abuelos en la familia. Ahora además siendo parte muy activa en la crianza de los nietos, supliendo a los padres en los horarios laborales imposibles. “Los abuelos, con su perspectiva de la vida, son quienes mejor transmiten los valores a los nietos”, afirma la autora.
Un cuento escrito para ella misma que quedó en un cajón
Wanda Cabrera es graduada en Periodismo, y a pesar de amar escribir, nunca ejercicio puramente como periodista, sino que orientó su labor profesional a la comunicación de forma más amplia, desde el diseño y la creación de contenidos. El cuento “lo tenía escrito desde hace bastante tiempo, incluso antes de terminar la carrera, pero se quedó en un cajón”.
Tras dejar el trabajo decidió, como ella misma señala, dejar su zona de confort y lanzarse a la aventura. Aprovechó para revisar ese cuento que tenía guardado, mejorarlo y lanzarse a autopublicarlo “básicamente y como principal motivo por tener el libro en mis manos”. Ella misma dio forma a las ilustraciones, que acabó trabajando con herramientas generativas de inteligencia artificial. Creado con pretensiones pequeñitas, para su disfrute y satisfacción, el tesoro que tenía guardado solo para ella se empezó a hacer grande, hasta acabar este pasado lunes 13 de abril en la Estación de las Letras.
No es esta una feria del libro al uso. Es un programa de ciudad que abarca todo el año, que llena e imbuye a La Rinconada de literatura. Que además siembra las letras en colegios e institutos, trabajando igualmente con librerías, editoriales y bibliotecas para que la literatura sea accesible para toda la población.
Cuentacuentos para niños y mayores
Así ha sido como ‘Los tesoros de Mima’ ha llegado a la Biblioteca de la Hacienda Santa Cruz. De forma amena, como cuentacuentos relatando la historia, Wanda Cabrera ha acercado su cuento a los niños y niñas – tanto los amigos y compañeros de sus hijas como los asiduos de la biblioteca – regalando parte de la magia de este libro, que no es otro que compartir esos tesoros invisibles que relata. Y atrayendo incluso a algún adulto. Porque, aunque sea un libro infantil, “a cualquiera que le guste el mundo de los cuentos o dar prioridad a los valores el libro le va a llegar”, reconoció la autora.
Tras su paso por Estación de las Letras y la “ilusión” de crear literatura y publicar un libro, Cabrera desea “poder continuar, porque escribir es lo que siempre me ha gustado”. Aficionada al género de misterio, a Truman Capote, García Márquez, Vargas Llosa o Almudena Grandes, en los proyectos a los que ya da forma en su cabeza contempla seguir apostando por la literatura infantil. “Al menos mientras mis niñas sean pequeñas, para poder seguir compartiéndola y enseñándoles”. Sin descartar que “cuando crezcan quizás dé el salto” y se aventure a géneros y estilos más juveniles o para público adulto. Mientras, seguirá regalando las enseñanzas de su abuela desde su primer cuento infantil.
Decía Antoine de Saint-Exupéry en ‘El Principito’ que “lo esencial es invisible a los ojos”. Y dice Wanda Cabrera, con el recuerdo y el legado de su abuela, que “esas cosas invisibles suelen ser auténticos y verdaderos tesoros”.