Hasta el 24 de mayo se puede visitar esta muestra que recoge obras de este pintor español contemporáneo de 83 años especializado en la abstracción geométrica. Su enfoque artístico destaca por fusionar fórmulas matemáticas y patrones numéricos con sensibilidad estética y expresividad cromática
Antonio Jiménez Sosa, natural de Coria del Río (1942) tiene en su haber más de cien cuadros y un millar de pinturas realizadas por ordenador. Este pintor octogenario que se inició en la pintura como autodidacta con el expresionismo y el apropiacionismo, descubrió a los 70 años la abstracción geométrica para crear obras que fusionan fórmulas matemáticas y patrones numéricos con sensibilidad estética y expresividad cromática.
Llega a la Sala Maga con la exposición ‘Hacia los límites de la abstracción geométrica’, un claro ejemplo de cómo una ecuación matemática puede conmover, hablando la geometría en el idioma de la emoción artística.
Una muestra que ha sido inaugurada con la presencia del artista, la delegada de Cultura, Raquel Vega, y el periodista y amigo de Jiménez Sosa, Joaquín Márquez.
En su intervención, Raquel Vega ha subrayado que “Antonio se acerca a la ecuación como un explorador que busca un paisaje. Toma las leyes de los números y, en cierto modo, los convierte en coreografía poliédrica. Una fuerza por la investigación de nuevos lenguajes, absolutamente convincente, contemporánea, donde la tecnología y la tradición se abrazan… de Antonio aprendemos que la ciencia y el arte no son mundos separados, sino dos formas de buscar la comunidad”.
También ha tomado la palabra Joaquín Márquez para destacar que “más allá de un mundo fantástico, irreal o imaginado los cuadros de Jiménez Sosa parecen surgir como visiones de algo que está por decir, por hacer, por llegar, por descifrar… si es cierto que hay dos tipos de pintores, los dotados de imaginación y técnica y los dotados de visión de lo que no se ve, él se encuadra en los segundos”.
Jiménez Sosa inicia su proceso en un terreno aparentemente árido: las ecuaciones matemáticas. Utilizando programas informáticos, el artista visualiza estas fórmulas, pero lo hace mediante un "uso impropio". En lugar de buscar la utilidad científica de la ecuación, busca su belleza plástica.
Aunque el punto de partida es tecnológico y matemático, el corazón de la obra es profundamente artístico. A través de soportes diferentes, el artista organiza estas formas geométricas en series y secuencias que introducen además el color, buscan nuevos ritmos y generan armonía.
El espectador no necesita entender de álgebra para disfrutar de la exposición. Basta con dejarse llevar por la sincronía de las formas y la fuerza del color.
El artista fue finalista en el último Concurso Internacional de Pintura Villa de La Rinconada con su cuadro ‘Matisse y yo’ que puede verse en esta exposción.