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"Septiembre siempre llega": Carlos Jiménez de Juan pregona los Dolores desde la herencia y la devoción

Fiestas mayores |

El 29.º pregonero de los Dolores Gloriosos recorrió sus raíces familiares, sus vivencias en la Hermandad y una devoción transmitida de generación en generación en una noche que desembocó en el 15 de septiembre

Los arcos de luces encendidos, la Plaza de España como epicentro y los abanicos buscando algo de frescor anunciaban ya una nueva noche de víspera. En las calles, banderitas y proclamas dedicadas a la Alcaldesa Perpetua. Dentro de la parroquia, el aroma de los nardos que perfuman el paso de la Virgen y un templo repleto de devotos, dolorosos, cofrades, antiguos pregoneros y amigos de Carlos Jiménez de Juan.

Acudieron representantes de las hermandades del municipio y de la Corporación Municipal, encabezada por el alcalde, Javier Fernández de los Ríos, junto a los delegados de Fiestas Mayores, Rafael Reyes y Silvia Torres. También sacerdotes amigos del pregonero y el párroco, Luis María Hernández de Villota, que vive por primera vez unas fiestas patronales que estos días vuelven a extenderse por todo el centro de La Rinconada.

La pregonera del pasado año, María del Carmen Baco, fue la encargada de presentarlo. Lo hizo dibujando su perfil más «doloroso», entre vivencias y anécdotas, antes de dejar el atril al 29.º pregonero de los Dolores Gloriosos.

Carlos comenzó con fuerza: «Bendita sea Tu Pureza y eternamente lo sea…».

Y desde ahí, el pregón se convirtió en una confesión.

La herencia

El primero de sus capítulos llevó por título La Herencia. Carlos regresó a sus abuelos paternos, Carlitos y Carmelita, nombres ligados a la historia de la Hermandad y a la memoria reciente de La Rinconada. El número 3 de la calle Rosal se convirtió en el epicentro de aquellos recuerdos, junto a una antigua fotografía de finales de los años cincuenta en la que la Virgen aparecía ataviada de blanco y cuajada de joyas.

De los abuelos a los padres. Y de los padres a los hijos.

También recordó a su madre, Adeli, nacida en Burguillos, y aquella sentencia que pronunciaba al contemplar cualquier procesión en Sevilla: «Como la nuestra, ninguna».

La idea atravesó todo el pregón: recibir una devoción para volver a entregarla.

«Papá, ojalá consiga transmitir a mis hijos la misma devoción por la Virgen que tú me has legado», proclamó.

Ahí aparecieron Aurora, su mujer, y sus tres hijos, Aurora, Carlos y Fernando, junto al recuerdo de sus hermanas, Blanca y Mari Carmen. También sus abuelos maternos y la memoria de su abuelo, fallecido hace diez años precisamente un 15 de septiembre, cuando la Virgen de los Dolores se convirtió para la familia en consuelo.

Carlos tampoco olvidó a las mujeres, a quienes definió como «primeras transmisoras de la devoción dolorosa en el seno de sus familias» y reconoció por su permanente cercanía a la Virgen.

Las vivencias

El segundo capítulo llevó al pregonero hasta el Rosario de la Aurora y uno de sus recuerdos más intensos: aquel «bofetón de olor a nardos» al abrir las puertas de la parroquia y encontrarse por primera vez con la Virgen en el amanecer del 15 de septiembre.

«Aunque pasemos nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos; aquí seguirá el Rosario y la Aurora del recuerdo».

Los aplausos y algún que otro «olé» acompañaron un recorrido por todo cuanto rodea las Fiestas Patronales: la Salutación y bajada de la Virgen, los cultos, las horas de preparación y un trabajo que Carlos conoce bien desde su vinculación con la Priostía.

En ese capítulo tuvo palabras para José Ángel Navarro y sus primos Quique y Luis Navarro, antes de llevar la mirada hasta el paso de la Patrona, elevado ya bajo una de las naves de la Parroquia y preparado para la procesión.

La devoción

El tercer capítulo abrió el pregón a una dimensión más amplia.

Carlos recordó una devoción extendida durante siglos y de la que, aseguró, La Rinconada también forma parte:

«Nosotros, rinconeros y dolorosos, somos herederos y custodios de una devoción de siglos».

Una devoción que también se vive en las calles engalanadas y que tiene una banda sonora propia: la de los Coros de la Hermandad.

El pregonero reconoció las horas de dedicación del coro grande y del coro infantil, en un año especialmente significativo al cumplirse cuarenta años desde aquel 1986.

«Por seguir siendo en Septiembre la voz de La Rinconada», proclamó entre otro «ole» de los presentes.

Y llegó entonces el 15 de septiembre.

Primero la Función Solemne y después una reflexión sobre los dolores de la vida, también desde su condición de médico. Carlos puso especial atención en la pérdida de un hijo, un sufrimiento conocido en su propia familia y ante el que la Virgen apareció nuevamente como refugio y consuelo.

Desde allí, el pregón se precipitó definitivamente hacia la procesión.

«Ya asoma por el dintel y ya se acabó la espera de un pueblo que, todo el año, con este momento sueña…».

La fuerza fue in crescendo hasta regresar a la calle Rosal y desembocar en uno de los versos que resumieron toda la noche:

«¡Pero tu pueblo no llora, tu pueblo siempre te espera, con la ilusión del que sabe que Septiembre siempre llega!».

El «HE DICHO» rompió la Parroquia en un largo aplauso.

Y llegó el 15 de septiembre. El día de los Dolores

El hermano mayor, Ramón Perza; el alcalde, Javier Fernández de los Ríos; y el párroco entregaron al pregonero un recuerdo de una jornada que ya forma parte de la historia de la Hermandad. También se distribuyeron ejemplares entre las hermandades, la Parroquia y el Ayuntamiento.

El pregón, que Carlos comenzó a escribir el Domingo de Pascua, 5 de abril, y terminó el 15 de agosto, cuenta con una portada realizada por Bruno Halcón, autor también del cartel de los Dolores Gloriosos de 2023.

Después regresó la emoción con las voces del Coro. 

El Coro Infantil y el Coro de la Hermandad cerraron la noche con sevillanas y piezas como Te llevo tan dentro de mí, el Ave María o Dicen que por Septiembre.

Hasta que dieron las doce.

La Salve recibió el 15 de septiembre y el propio Carlos Jiménez de Juan puso el cierre con sus vivas a la Virgen.

La noche de la víspera había llegado a su fin. Y el pregón había cumplido su cometido.

Septiembre siempre llega.

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