A pesar de mejorar el resultado del año pasado, la expedición volvió de Moscú con la sensación de que podía haber logrado una mejor clasificación, incluso, haberse traído la Copa de Europa
"Este resultado es muy importante y empezará a valorarse con el tiempo". Quien así se expresa es Antonio Molina, técnico del Soderin Rinconada, cuyo equipo acabó tercero en el Campeonato de Europa de Clubes celebrado en Ramenskoe (Rusia). No le falta razón, pero también acierta cuando manifiesta: "Somos humanos y tuvimos un mal día que nos costó muy caro. Creo que éramos superiores a los anfitriones, pero no pudo ser".
La sensación tras el partido de semifinales era similar en todos los integrantes del conjunto rinconero. Todos coincidían en que había mimbres suficientes para luchar por el oro visto y lo visto y que la presión, el cansancio y los nervios les jugaron una mala pasada y sólo pudieron optar al premio de consolación: la medalla de bronce.
Hasta ese momento el torneo había sido inmaculado. Debut ante Suiza, que se quedó a un paso de clasificarse, con un resultado de 7-0, y sendas palizas al TJ Sokol checo (6-1) y al Uniao Desportiva de Santana (6-1). Al ser primero de grupo eludió los cuartos de final.
Todo dentro de la lógica prevista. Aunque la organización, al principio, no daba un duro por el cuadro rinconero, la superioridad aplastante mostrada por el Soderin, hizo que técnicos y medios de comunicación internaciones le incluyeran, con un buen número de posibilidades, entre sus candidatos al título.
Cuando se realizó el sorteo el sentir general fue positivo. Era factible colarse en la final porque el Ramenskoe sólo superaba al Bádminton Rinconada en su condición de local y la nutrida y ruidosa afición española, que engalanó con banderas locales y nacionales el Pabellón Borisaglovsky, callaba a los fríos rusos, mucho más numerosos. La apuesta era clara: ganar el mixto, que abrió la competición, ganar los individuales masculinos y que Bin Xin y la pareja Kusuma-Gordon sacaran su partido adelante. Sobre el papel, sólo Filipa Lamy, aquejada de problemas de tensión arterial, y el doble femenino, podían ser derrotados. Pero las quinielas empezaron a romperse pronto cuando, en el primer partido, la dupla Vaugham-Xin Xu cayó derrotada en dos sets. El galés tenía tocado el hombro y la china estaba muy por debajo de su nivel habitual. Luego, Kusuma puso las tablas cumpliendo su parte del trato y Lamy cedió su encuentro. 2-1 para los rusos, pero las cuentas aún le salían a Antonio Molina, que, no obstante, estaba preocupado por el estado de forma de Bin Xin. Y los temores se confirmaron. Xin nunca encontró su sitio en la pista y fue superada en dos sets por la rácana moscovita Schimko. En ese momento se encendieron todas las alarmas. Un jarro de agua fría heló las gargantas de los fieles hinchas rinconeros. Bin Xin, la que nunca falla, acababa de demostrar que también era humana en el peor momento.
Peleó hasta el final
Vaugham ganó su partido, a pesar de la lesión, y la dupla Stenny Kusuma y Ruben Gordon también, pero el doble femenino, con Lamy tocada y sin estar muy habituada a jugar con Laura Molina de compañera (Bin Xin no podía jugar al haber disputado dos encuentros) se antojaba demasiado complicado. Aunque había fe en el milagro, éste no se produjo y los rinconeros quedaron apeados de la final.
Eso sí, no había lugar a lamentos ni responsabilidades, pues, sólo 24 horas después, el conjunto tenía ante sí la opción de mejorar su registro del año pasado. Los ucranianos del SHVSM Kharkov habían tirado su semifinal para aspirar al bronce, pero la rabia rinconera no les dio ninguna opción y le derrotaron por 4-2.
Este era el último año al frente del club del presidente, Pedro Falcón, y del entrenador, Antonio Molina, que no pudieron dejar al equipo como campeón de Europa, pero que, como resaltaba el técnico "empezará a valorarse con el tiempo".