Su nombre es Alberto Romero Paz, pero es conocido en el mundo artístico como Alberto "El Romero". Con sus apenas 16 años, este joven rinconero ya ha bailado en multitud de escenarios dentro y fuera de España y ha montado dos espectáculos propios
Con tan sólo tres años, ya estaba recibiendo sus primeras lecciones de baile en la academia de Antonia de los Santos. Recuerda que cada vez que pasaba por la puerta de la escuela de Antonia, él decía que quería entrar a bailar "lo que pasa es que era demasiado pequeño y Antonia de los Santos me dijo que hasta que no supiera contar hasta diez y distinguir derecha e izquierda no podía apuntarme. Aprendí en poco más de una semana para que me pudieran apuntar". Después, con tan sólo siete años, llegaron las clases de Grado Elemental de Danza Española que recibió de las manos de la gran maestra del flamenco Matilde Coral. De la que recuerda sobre todo además de su formación en el baile, el ambiente familiar en su academia y sus lecciones para "antes que artista ser persona". Laprimera vez que se subió a une scenario tenía seis años. Fue en el teatro Alameda en el concurso de Enrique el Cojo del que quedó sexto de entre 180 participantes.
Pronto llegaron los premios, el primero de ellos fue el I premio en la Velá de Santa Ana "yo ni sabía lo que era un premio y le pregunté a mi madre que por qué todo el mundo me felicitaba".
Para llegar hasta donde está, reconoce que ha tenido que sacrificar muchas cosas sobre todo en su niñez porque estaba en la academia o bailando mientras el resto de los niños de su edad iban a cumpleaños o estaban en el parque. En cualquier caso, no se arrepiente para nada y guarda buenos recuerdos de todo ese tiempo. Ahora mismo estudia 1º de Bachillerato y 5º curso de Danza en el Conservatorio. "De media al día bailo mínimo las cinco horas del conservatorio A eso hay que sumar lo que dedico fuera del horario del conservatorio ensayando”. Ante la pregunta de qué le gusta hacer cuando no está bailando, la respuesta no se hace esperar "Si no estoy bailando, es porque estoy pensando en lo que voy a bailar. Viendo videos, repasando coreografías, imaginando nuevos pasos…duermo con una libreta en la mesita de noche porque cuando estoy a punto de dormirme es cuando me vienen todas las ideas y no puedo permitir que se me olviden." En el conservatorio baila de todo, clásica, contemporánea español y recibe la formación integral exigible pero él tiene muy claro que su carrera va orientada al flamenco.
Tanto esfuerzo y dedicación trae recompensas y en su caso no tardaron en llegar en forma de premios, mucho premios, tantos que en su casa tuvieron que comprar un mueble nuevo para guardar la cristalería y ceder ese espacio a los reconocimientos de Alberto.
Con el tiempo ideó montar sus propios espectáculos, el primero "Flamenco: historia de una madre" se hizo pensando en el público alemán, país donde ha actuado varias veces y donde reconoce que el flamenco se valora más. "Apenas hay que hacer promoción. Basta un anuncio en el periódico para que las entradas se agoten en seguida". Viajar al país germano con músicos y acompañamiento musical en directo, es su próximo proyecto. "Hasta ahora he ido con la música en diferido, pero me apetece ir con guitarristas, cantaores y con un buen cuadro flamenco.".
El segundo espectáculo que ya va a cumplir un año "….Y sin pensarlo" se estrenó en La Rinconada. "Me propusieron estrenarlo en Los Palacios, pero me negué. Tenía muy claro que mi gente de La Rinconada iba a ser la primera en ver el espectáculo. Además después del apoyo recibido por el área de Cultura no podía ser de otra forma." Fue uno de los días más emocionantes de su vida porque ni se imaginaba que llenaría el Centro Cultural de la Villa. Después comenzó a montar coreografías para Jonás Campos y además todos los sábados actúa en Salones Badía. "Una vez que monté el segundo espectáculo, empezaron a llegarme más y más proyectos que desde luego no pienso dejar escapar mientras que pueda". Como muchos otros artistas, ALberto el Romero también tiene sus supersticiones y manías. Entre todas ellas asegura que nunca se deja atrás un pañuelo rojo, de lunares blancos que es su talismán. “Si no me va con el vestuario lo llevo doblado, pero siempre lo llevo”.
Su sueño es primero bailar con los más grandes y con el tiempo montar su propia compañía de baile flamenco. No es fácil el camino, no es sencillo avanzar por esta senda pero cuando el flamenco deja de ser una afición para convertirse en un estilo de vida, las dificultades se terminan superan sin problemas y sin perder el compás.