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Un Rinconada que nunca se adaptó a sus ausencias, al campo y a las polémicas decisiones arbitrales, acaba goleado en Bellavista y vuelve a alejarse de la zona noble de la Preferente
El Rinconada se volvió de vacío de su visita a Bellavista, herido en su orgullo y con cuatro goles en el saco que suponen un duro varapalo en sus opciones antes del parón navideño.
Las sensaciones no eran buenas desde el inicio. El Bellavista sólo había perdido un choque en su feudo (y fue en Ibarburu ante el Dos Hermanas por problemas en su terreno de juego) y había recibido dos goles. La superficie de albero era perfecta para los locales, que tenía controladas las particularidades que generaba el campo y los rinconeros se presentaban muy justos de efectivos, con las bajas de Sergio, Gallardo y Sedeño, lesionados, Joserra por temas laborales, y Javi Pando que anda desaparecido de los entrenamientos. Además, Ávalos se sintió indispuesto y Sergio Navarro sigue con sus molestias en el tobillo lejos de su mejor forma. Y para colmo de males, el colegiado de la contienda, Lafuente Sánchez, fue excesivamente casero.
Los de Andrés Millán pelearon sus opciones con las armas que le caracterizan, pero sus opciones se diluyeron pronto, en el 23, cuando en un rifirrafe entre Marrufo y un jugador local, el trencilla sacó una exageradísima roja directa al defensor rinconero, que dejó a su equipo con diez y complicó, más si cabe, las posibilidades blanquiazules. Y la herida empezó a ser mortal de necesidad en el 28, cuando Manolito aprovechó un balón desde la derecha a la espalda de la defensa para batir a Dani y dejar en desventaja a los rinconeros.
El Rinconada quería despertar, pero en el 38 iba a encajar el segundo, después de un córner que sólo vio el colegiado. Eso sí el balón al primer palo estuvo muy mal defendido y el lateral diestro Abel acabó batiendo a Dani.
Con el 2-0, diez futbolistas y todo lo que traía arrastrado, los visitantes doblaron la rodilla. Encajaron un tercer tanto calcado al primero obra de De la Vega y, a los seis minutos de la reanudación, el cuarto, obra de Doblao, que se fue por velocidad de Velázquez y batió a Dani ajustando su disparo al palo izquierdo.
A partir de ahí, el Bellavista estuvo más cerca del quinto que el Rinconada del gol del honor, aunque, como quien dice, se acabó el partido, sobrando el grueso de la segunda mitad. Los de Andrés Millán reclamaron un gol fantasma de Perales, que el árbitro no dio, pero que no hubiera hecho más que maquillar un marcador adverso que hace daño y obligan al entrenador a trabajar mucho el aspecto psicológico para revertir una situación muy difícil fruto de la exigencia capital que tiene el Rinconada.