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Carmen Pombo: “En el siglo XIX, las mujeres de la clase baja eran más libres que las de clase alta”

Cultura y patrimonio |

La profesora y escritora presentó en la parroquia de San José su primera novela, ambientada en el siglo XIX en Sevilla, en la que mezcla historia y ficción para crear un relato de fuerza, valentía y coraje de una mujer adelantada a su tiempo y lejos de las convenciones sociales

El convulso siglo XIX en España ambienta la novela con la que el tren de las letras de La Rinconada ha hecho estación en la parroquia de San José. Y llega la literatura hasta los altares con dos mujeres. Catalina Leyva y Carmen Pombo. La una literaria, la otra literata. La primera, protagonista de ‘Las dos muertes de Catalina’; la segunda autora de esta novela, presentada en una nueva parada de Estación de las Letras.

No ha sido la primera vez que el templo acoge encuentros de la feria del libro rinconera, pues ya acogió el ciclo de Literatura Religiosa, con autores como Antonio Puente Mayor, Susana Herrera o Andrés Sampedro Tébar. Este último fue el encargado de acompañar a Carmen Pombo en la inmersión en su primera novela. Un acto que fue por un lado bienvenida a un nuevo libro y, al mismo tiempo, despedida, en este caso a Alberto Mediavilla, párroco de San José, que en breve cambia su destino pastoral. También estuvo presente la I Teniente de Alcalde y delegada de Cultura, Raquel Vega, quien dio la bienvenida a la autora.

Andrés Sampedro estructuró la entrevista en cuatro partes: la Sevilla de Catalina, la historia de Catalina, Catalina en la historia y una parte final dedicada a la autora y a su experiencia como escritora. Una tertulia con un “componente catequético interesante”, como la tildó el entrevistador al hilo de la propia novela y de las reflexiones que de ella surgen.

Una mujer “bajo el yugo del patriarcado”

Además de poder ser una novela de viajes de inspiración costumbrista y romántica, que recorre Sevilla, Madrid y Lisboa, es la historia de Catalina de Leyva, mujer fuerte, en mucho fuera de su tiempo, plena de valor y coraje y, quizás por ello, de sufrimientos y sinsabores. Un hecho histórico, los fusilamientos del 11 de julio de 1857 en el Campo de Marte de Sevilla – actual Plaza de Armas – es el hecho histórico que, trufado de la historia del momento, de personajes históricos reales y de otros de ficción que se articulan con inusitada precisión, Carmen Pombo hace un recorrido por la vida de Catalina, su lucha contra las convenciones e imposiciones de su tiempo, hasta sus dos muertes.

Mujer de familia aristocrática en la época en cuestión, “tenía establecido un mapa de la ruta que tenía que seguir”, como casarse “con alguien de su mismo nivel o mayor”. Sin embargo, estamos ante una mujer “muy inquieta, que vive bajo el yugo del patriarcado”, que acaba asfixiada y enfrentándose a su padre, quien sentencia que el destino de “una Leyva es o casada o al convento”. Porque los Leyva son “los que la ley mantienen, los que de ley son”, y donde es “fundamental la tradición”.

Una novela en dos partes marcadas por dos muertes

Huérfana de madre, arropada por la servidumbre de la casa, con un padre intransigente y estricto, “no tenía preocupación ninguna sobre su futuro porque lo tenía resuelto”. Sin embargo, señala Pombo cómo en el siglo XIX “las mujeres de la clase baja en el fondo eran más libres que las de clase alta”, ya que las primeras “podían casarse con quien les diera la gana, estar con quien les diera la gana y hacer lo que les diera la gana dentro de lo que la sociedad permitía hacer”. Es por eso que Catalina Leyva, embarazada de su primer y verdadero amor, es obligada a casarse con un noble al que no ama, en la sierra de Huelva y desterrada de Sevilla para evitar habladurías que manchen ese apellido del que vive presa.

Sin desvelar los giros que hacen el relato apasionante, aludieron entrevistador y entrevistada a las dos partes en las que se estructura la novela. La primera feliz e idílica en su infancia y primera juventud. La segunda curtida por la vida y relatando su historia y la de su hijo, repudiado por el padre de Catalina por bastardo. Ambas precedidas por una muerte. La segunda de ellas es la que le hace volver a su Sevilla natal y vengarse de su padre por el sufrimiento, no tanto infligido a ella sino hacia su hijo.

Una novela de muertes y de la capacidad de renacer

Con un “carácter inquebrantable”, forjado también por la personalidad de su propio padre, Catalina viaja a Lisboa y establece amistad con la reina María II de Portugal, pero también contacta con la reina Isabel II de España para intentar evitar ese fusilamiento contra los sublevados – uno de los cuales lleva su sangre – y que se acabó consumando, como ya se ha referido, en el entonces Campo de Marte sevillano y de  donde nació la leyenda de la Piedra Llorosa que aún se encuentra en la calle Alfonso XII en su extremo más cercano al Guadalquivir.

‘Las dos muertes de Catalina’ que titulan la novela aluden a “la capacidad de renacer, que a pesar de que se muera una parte de ti, la fuerza interior te ayuda a salir hacia delante, y ese es el mensaje que quiero transmitir con este libro”, explicó la autora. Porque, como ahondó, “la vida nos presenta muchísimas dificultades. Se las presenta a Catalina en el siglo XIX, pero en el fondo me estoy refiriendo también a las mujeres del siglo XX”. Y, sobre todo, con una conclusión, la que lanza la propia Catalina al final de la obra: “No tengo miedo”. Porque Catalina nunca tuvo miedo a perder y – en esa suerte de enseñanza catequética de la que hablaba al principio de la presentación Andrés Sampedro – ser capaz de resucitar siempre desde el amor, la determinación y la esperanza que estas páginas destilan.

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