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Amarillo y blanco revisten una nueva Romería de San Isidro

Fiestas mayores |

La Agrupación de Romeros estrenó nueva Junta de Gobierno, encabezada por María del Carmen Andra, en una jornada marcada por la tradición, la convivencia y novedades como el concurso a la mejor carreta decorada y al mejor romero o romera junior

Sábado, 3 de octubre. El sol comienza tímidamente a despuntar entre las nubes que cubren el cielo y dejan un frescor agradable en las primeras horas de la mañana. La Rinconada despierta teñida de amarillo trigo y blanco algodón, dos colores que anuncian que ha llegado uno de esos días señalados en el calendario: San Isidro vuelve a salir de romería.

Amarillo y blanco en las calles. Amarillo y blanco en el exorno floral de la carreta. Amarillo y blanco en las medallas que cuelgan del cuello de centenares de romeros. Son los colores de una Agrupación que continúa manteniendo viva una tradición que, un año más, ha reunido a peregrinos, caballistas y una veintena de carriolas para hacer el camino desde la Parroquia de San José hasta El Toril.

La edición de este 2026 ha llegado, además, con una importante novedad. María del Carmen Andra afrontaba su primera Romería al frente de la nueva Junta de Gobierno de la Agrupación de Romeros de San Isidro, tomando el relevo de Aurora Sánchez y del arduo trabajo desarrollado durante los últimos años.

Una nueva etapa sin perder la esencia

El relevo también se ha dejado notar en algunos detalles de la celebración. La carreta de San Isidro presentó este año un montaje renovado, incorporando dos candelabros de guardabrisas exornados con romero, sin renunciar a una imagen que ya forma parte de su estampa habitual: la réplica de la Virgen de Setefila a los pies de San Isidro.

La Agrupación ha querido además fomentar la participación de los romeros con nuevas iniciativas, como el concurso a la mejor carreta decorada, valorando su originalidad y la conservación de la esencia romera, y la elección del mejor romero o romera junior, poniendo el acento en la vestimenta tradicional y en la transmisión de esta celebración a las nuevas generaciones.

Una vestimenta que ya había llenado de color la jornada anterior durante la tradicional Misa de Romeros, antesala de la Romería. La celebración contó con la presencia de la representación de las hermandades del municipio y del alcalde, Javier Fernández, quien asistió junto a los delegados de Fiestas Mayores, Rafael Reyes y Silvia Torres, que también acompañaron a la Agrupación durante la salida del sábado.

A las nueve, comienza el camino

Cuando las campanas marcaron las nueve de la mañana, el sonido de la gaita y el tamboril anunció que había llegado el momento. El boyero mandó a andar a la yunta de bueyes, engalanada con sus frontiles, y la blanca carreta de San Isidro comenzó a avanzar.

Por delante, una decena de caballos. Junto al Santo, una comitiva sencilla formada por miembros de la Junta de Gobierno, el estandarte de la corporación y los delegados de Fiestas Mayores portando sus varas. Y detrás, el verdadero río de la Romería: los peregrinos que desde primera hora habían ido concentrándose en la explanada de la parroquia de San José y tras ellos, las carriolas.

El recorrido volvió a regalar estampas especialmente cuidadas. Balcones engalanados en la calle Córdoba, una petalá y vivas a San Isidro, mientras otras calles, como la de San Cristóbal, también se sumaban a la celebración con su decoración.

La comitiva avanzó por San Isidro Labrador, Cristo del Perdón, Carretera Bética, Córdoba, Cultura, Madrid y San Cristóbal antes de enfilar la Vereda de Chapatales, la avenida de Portugal, Alejandro Goicoechea y el entorno del Polígono El Cáñamo para continuar camino hacia El Toril.

Y entre paso y paso, sevillanas convertidas en plegaria.

Del Ángelus a la convivencia en El Toril

A las 12:00 horas, el camino hizo un alto junto al gran eucalipto para el rezo del Ángelus. Un momento de oración acompañado también por el cante y por el ambiente que desde primera hora había ido creciendo alrededor de la carreta.

Tras superar el cruce de la carretera A-8005, la comitiva alcanzó en torno a las 14:00 horas el recinto de El Toril, acondicionado durante las semanas previas para recibir a las carriolas, los romeros y la carreta del Santo.

Llegaba entonces el tiempo de convivencia. Familias, grupos de amigos y generaciones distintas compartieron mesa y jornada hasta que, con la tarde avanzando, llegó nuevamente la llamada del camino.

“Volvemos al barrio”

A las 18:00 horas, como dicen los propios romeros, tocaba “volver al barrio”.

Comenzaba el camino de regreso, con esa mezcla de cansancio y alegría que dejan muchas horas compartidas. Carretas, caballos, peregrinos y la imagen de San Isidro fueron deshaciendo el trayecto de la mañana hasta alcanzar nuevamente el Polígono El Cáñamo y encaminarse hacia San José.

Cuando el reloj rondaba las 21:00 horas, doce horas después de aquella primera orden del boyero, la Romería comenzaba a afrontar sus últimos momentos. La entrada de las carriolas daba paso al tramo final hasta la parroquia, donde en torno a las diez de la noche se ponía el punto final a otra jornada de camino.

Quedaban atrás kilómetros de camino, sevillanas, encuentros, vivas y muchas horas de convivencia. Pero también permanecía una promesa que se repite cada vez que San Isidro vuelve a casa.

La de mirar a su imagen, alzar la voz y decir: “el año que viene vuelvo otra vez”.

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