‘Sevilla: Biografía de la ciudad dorada’ inaugura las catas literarias de Estación de las Letras desde una obra que revisita el pasado y el presente de Sevilla desde la historia y los sentidos
La literatura es una experiencia para los sentidos. Con la capacidad propia de Estación de las Letras de crecer e innovar, en esta edición se suman a los encuentros y presentaciones las catas literarias, buscando introducir nuevos sentidos en la experiencia de leer. Y no podía inaugurarse este nuevo ciclo más que con un libro tan sensorial como ‘Sevilla: Biografía de la ciudad dorada’. El ensayo sobre la capital andaluza desde la contemporaneidad, que firma Eva Díaz Pérez – mentora de Estación de las Letras y primer Premio Factoría Creativa – que recorre el devenir de la ciudad desde que existía el lago Ligustino hasta la actual desaparición del centro por la turistificación.
Si hablar sobre Sevilla siempre entra bien, con vino lo hace mejor. El maridaje literario de esta presentación lo llevó a cabo Isabel, sumiller de Oído Cocina. Eligió un vino blanco elaborado con uva Zalema de Huelva, evocador de la luminosidad y la globalidad de Sevilla en el descubrimiento, que tan al hilo casó con la elección de este caldo.
De Sevilla se ha escrito tanto, ha sido tantas veces escenario y personaje que, como aseguró Fernando Iwasaki, “es un género literario en sí mismo”. La autora consigue – a pesar de existir mucho precedente muy brillante” – contar “una ciudad tan archinarrada” desde otro punto de vista, buscando “aportar algo desde la contemporaneidad”.
Equilibrio entre historia, divulgación y literatura
Pero no lo ha hecho mediante una novela ni como obra de ficción. El libro se encuadra mejor como ensayo que muestra una mirada sobre Sevilla y que cuenta su historia, pero sin ser una monografía. La contribución de Eva Díaz a la literatura sobre Sevilla camina “en el equilibrio de hacer algo histórico, divulgativo, que le llegue al gran público y contarlo con estilo literario”.
Esta biografía del personaje que es Sevilla selecciona para ello los “momentos estelares” de la ciudad y su historia. Pero con cortapisas autoimpuestos por la propia escritora, pues reconoció que “me he tenido que frenar para que no me saliera una novela”, que – además del periodístico – es el género que domina.
Aunque está construido sobre “una base real histórica”, hay momentos de esta prolija historia de los que poco se sabe y apenas quedan unos restos y unas hipótesis, como la época visigoda. “Para poder contarlo he tenido que utilizar no la ficción, pero sí la literatura”, ya que “hay pocos datos y eso te obliga a novelar”, aunque sin perder nunca ese referente histórico que recoge las más de 400 páginas del libro.
Con ello, “Biografía de la ciudad dorada” es un libro “muy de pasear” para que “el habitante o visitante de Sevilla “reconociera ese pasado en muchos casos absolutamente invisible”, del que apenas quedan “platos rotos”. Para ello, desde la ciudad actual la autora explicó que, además de remontarse al pasado, le indica al lector qué hay en la actualidad en ese punto por el que se transita y no se presta atención, como la “colina por la calle Álvarez Quintero o Francos”, que no son más que los “sedimentos arqueológicos” que han moldeado la orografía, el urbanismo y la evolución histórica.
El libro tiene la capacidad de “abrir el apetito al lector”, con retales del pasado y retazos del presente, despertando el interés por ver el paso de diferentes épocas y civilizaciones y encontrarnos que lo que somos ahora no es tan distinto a lo que fuimos en el pasado.
Sevilla en los barrios y en los olores
Los momentos “fantásticos” de una Sevilla plena de historia y universal no eclipsan a los “terribles” que también han marcado su devenir. Como el libro tampoco se queda en el relumbrón del centro, los monumentos y las fiestas y se va a los barrios, “el lugar en el que está sucediendo la verdadera historia de Sevilla”. Pues, como ya hartamente se viene repitiendo, que “el centro es un caserío histórico vacío que corre el riesgo de convertirse en un escenario para gente de paso”. Por ello Eva Díaz, como “niña de barrio” oriunda de Rochelamber que no reniega de sus raíces, ha querido también mostrar “donde está ahora la verdadera Sevilla”. Pasando por los barrios populares, sin eufemismos, mostrando las realidades de Santa Cruz, de Triana, pero también de las denostadas 3.000 viviendas. “Cuando hablo de la Sevilla del Siglo de Oro aparece la parte fabulosa, pero también aparece la parte oscura y sórdida. Evidentemente, si estoy hablando de la biografía de la Sevilla actual, eso existe. No quererlo ver es absurdo”.
Reconociendo que “Sevilla nunca se acaba” y que ha tenido que dejar mucho atrás – que tal vez da, como así insinuó, para una continuación – la obra concluye con una muy original “memoria de los sentidos”. “Es esta una ciudad tan sensorial que tenía que contarla con los sentidos”. De ahí el relato final que hace desde el tacto de las prendas tradicionales (como mantones o mantillas), el olor de las procesiones, el azahar y el jazmín. De esa Sevilla que tiene “un olor especial”, pero también de los menos agradables, como los muladares y los carneros, los basureros y las fosas comunes que también dieron su olor a Sevilla y sobre los que hoy se colocan veladores de bares.
Con la “ambición e intención siempre divulgativa de las cosas” que tiene adquirida por su carrera como periodista, Eva Díaz ha creado más que una biografía un espejo y un mapa para mirar y conocer a Sevilla. En lo bueno y en lo malo; en las luces y en las sombras; en los barrios y en los olores. Y que, por qué no, reivindica y defiende la propia identidad frente a la despersonalización para agradar al que viene de fuera.