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María José Vidal: “Con nuestra forma de ver el mundo hemos levantado una barrera que nos separa del que tiene una visión diferente”

Cultura y patrimonio |

La periodista y escritora sevillana presentó en Estación de las Letras ‘Ocaso en las columnas de Hércules’, una novela policíaca de identidad, realidades y peso del pasado que maridó en una nueva cata literaria con ‘Oído cocina’

Una novela policíaca; reflexiones sobre identidad y creencias; clubes de lectura y un buen vino fueron los ingredientes de la parada de ‘Estación de las Letras’ el pasado 17 de abril en la Hacienda Santa Cruz. La última novela de María José Vidal, la presentación guiada por la delegada de Cultura, Raquel Vega, y la cata a cargo de Oído Cocina maridaron en una nueva cata literaria.

Llegó a La Rinconada María José Vidal con ‘Ocaso en las columnas de Hércules’, su segunda novela, de género policíaco, que atrapa por su relato desde abismos reales – el que durante mucho tiempo fue el ‘non plus ultra’, el fin del mundo conocido, el estrecho de Gibraltar – y otros simbólicos pero tal vez más desconcertantes, como fue el cambio de milenio y las teorías conspirativas que circulaban, con la viralidad además de una época en la que las redes sociales aún ni existían.

Volvió también a la ‘Estación de las Letras’ Isabel Salgueiro, la sumiller de ‘Oído cocina’, que en esta ocasión eligió para aderezar la presentación un vino creado en Sanlúcar de Barrameda, con olores y sabores de la tierra y el océano del entorno en el que se ambienta la novela objeto del acto.

Una novela que parte desde distintos finales

Como el vino, también esta novela se bebe, como confirmó Raquel Vega. Un libro de 600 páginas que engancha con una investigación abierta, personajes que son protagonistas sin saberlo y de reflexiones de la vida, del momento, y de cómo marca ser de un lado u otro de esas míticas columnas de Hércules.

La escritora quiso resaltar como peculiaridades de esta novela que, aunque está contada desde la actualidad, se ambienta en el otoño de 1999. “Es un momento de doble final. Uno grande, final del milenio, que despertó todo tipo de teorías y en muchos casos miedos. Y otro a pequeñas escalas, porque era el final del verano en un pueblecito también del final de nuestro mundo, donde una vez que terminaba el verano el mundo dejaba de tener vida”. Todos necesarios porque “todo principio viene precedido de un final”. Una de las claves de este libro.

En ese marco espacial y temporal, un personaje “cuenta años después la historia en primera persona, pero no es la protagonista”. Es esta una primera reflexión de la autora sobre esas personas a las que “se les ha enseñado que no tienen un rol importante que desempeñar y lo han aceptado sin cuestionarse si realmente las cosas podrían ser de otra manera”. Algo que además también se plantea en las páginas con la llegada al pueblo de la que va a ser en el nuevo curso profesora de filosofía y que, “sin saberlo, va a ser la verdadera protagonista”.

La investigación policial arranca cuando se encuentra el cuerpo sin vida de una chica. Pero no es el primero en un pueblo en el que “la muerte está demasiado presente”. Otros muertos que “son personas que vienen de un mundo que no es el nuestro, con el que no nos identificamos de la misma forma”. Y mientras la muerte de una “chica blanca” atrae la atención de los medios, el resto son “personas invisibles”. Desde aquí recorre las páginas una reflexión profunda sobre la inmigración.

Muchas historias que encajan como un puzle

Esa investigación es solo uno de los flecos de la novela, ya que se compone de “muchas historias pequeñas de muchos personajes diferentes que a priori ellos ni siquiera saben que son protagonistas de ninguna historia”. Sin embargo, “todas ellas eh van encajando un puzle, que quedaría incompleto solo con que una de ellas faltara, porque todas las personas son importantes, incluso las que son invisibles”.

Uno de estos personales, el llamado Capitán, un “Quijote de la mar”, a quien llaman loco, pone ante el lector “tres dualidades: la de principio y fin, la de nosotros y ellos y por supuesto también la del bien y el mal”.

Con el drama de la inmigración y la muerte de quienes vienen buscando un futuro mejor; de la dicotomía del bien y el mal según en el lado de la historia que se esté, la novela muestra cómo “con nuestra forma de ver el mundo hemos levantado una barrera que nos separa del que tiene una visión diferente”.

Junto con la inmigración se aborda también la religión y el fanatismo. “En nombre de todas las religiones se han hecho muchas cosas que no son correctas”. La religión como ciencia que también fue de su tiempo, la filosofía, los mitos y las creencias que, en el libro se ve desde “personajes, que son unas religiosas que hacen una labor increíble”. Sin embargo, aseguró que “también se hacen cosas malas y lo que no podemos es escudarnos en nuestra religión para justificar lo que no es justificable”.

Entre personajes poco convencionales, “protagonistas que no saben que son protagonistas”, la presentación dio para abordar muchos temas, llenos de reflexiones, porque el libro a través de sus páginas lleva al lector a ella. Para concluir con el regusto del vino que ‘Ocaso en las columnas de Hércules’ es un libro sobre la identidad y la certeza de que no se puede escapar del pasado. Y que si “en el destino hay cosas que no podemos controlar, otras muchas dependen de nuestras decisiones y de nuestros propios actos”. 

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