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Letras Emergentes trae a tres jóvenes poetas sevillanos que reivindican la poesía como “máscara” y herramienta política

Cultura y patrimonio |

El IES San José acogió la tercera edición de Letras Emergentes, un encuentro que reunió a tres de las voces más relevantes de la joven literatura sevillana actual: Laura Rodríguez Díaz, María Limón y Juan Gallego Benot. Bajo la moderación de la periodista y escritora Eva Díaz Pérez, el panel exploró cómo las nuevas generaciones están transformando la poesía en una herramienta de conexión, identidad y resistencia

Estación de las Letras celebraba recientemente la tercera edición de Letras Emergentes, un programa que tal y como explicó su directora, la escritora y periodista Eva Díaz Pérez, “surgió para mostrar a los jóvenes los nuevos valores de la literatura, saber qué se está escribiendo ahora, qué inquietudes literarias tiene la juventud, los nuevos formatos y los temas que interesan”.

En esta edición, Letras Emergentes invitó a tres poetas sevillanos: Laura Rodríguez Díaz, María limón y Juan Gallego Benot, los cuales, a pesar de su juventud, ya cuentan con trayectorias sólidas que cruzan la academia, la creación y la crítica cultural. Así, Eva Díaz destacó la vitalidad de una generación que, aunque nacida entre 1997 y 2000, ya lidera el diálogo cultural en Sevilla y fuera de sus fronteras.

Laura Rodríguez Díaz (1998): Reconocida por obras como ‘San Lázaro’, ‘Anuncio’ y ‘Las niñas de plata’ (Premio Ojo Crítico de Poesía), su poesía navega entre la enfermedad, el cuerpo y la delicadeza.

María Limón (2000): Investigadora predoctoral y autora de ‘Los bordes’, su trabajo se centra en el feminismo, la identidad queer y la experiencia en el entorno católico.

Juan Gallego Benot (1997): Investigador en retórica y crítico en medios como Babelia, autor de ‘Oración en el huerto’ (II Premio Tino Barriuso de Poesía joven) y ‘Las cañadas oscuras’, donde vincula la poesía con el arte contemporáneo y la política urbana.

Uno de los puntos más humanos del encuentro fue el relato de sus inicios, alejados del mito del “estudiante modelo”.

Laura Rodríguez confesó que fue una “mala estudiante” hasta que, en 3º de la ESO, la lectura de los sonetos de Garcilaso de la Vega supuso un “chispazo” que le reveló su vocación. “La profesora me dijo que había estudiado Filología Hispánica y, en ese momento, me propuse que esa podía ser mi vida”.

María Limón recordó cómo pasó su infancia entre los libros de la Biblioteca Infanta Elena mientras su madre opositaba, aunque también admitió haber sido una estudiante difícil antes de encontrar su camino en las humanidades.

Por su parte, Juan Gallego describió la poesía como su vía de escape ante una adolescencia complicada, convirtiéndola en la única forma de comunicarse con el mundo exterior. “La narrativa era como muy evidente, muy clara, me daba miedo y vergüenza explicarme ahí, con la poesía podía ocultar, contar a medias, atreverme a decir cosas y se convirtió en una herramienta valiosísima”.

Los autores coincidieron también en que la escritura no busca necesariamente la “originalidad absoluta”, sino mirar temas universales con ojos nuevos.

Para Laura y María, la poesía funciona como una “máscara” que permite tratar temas dolorosos o íntimos (como la enfermedad crónica o los trastornos de alimentación) de forma pública pero protegida.

“La poesía es una forma de extrapolar y compartir tu ámbito privado con lo demás. En ‘San Lázaro’ trabajo la idea de la enfermedad. Tengo Crohn y paso muchas horas en el hospital y ahí surgió la idea de este poemario, que habla del cuerpo enfermo, pero también de cómo se relaciona con otros enfermos y con la figura de Lázaro que resucita. Cuando escribo sobre la enfermedad o el cuerpo, la máscara no sirve para ocultarme, sino para protegerme. Me permite mostrar mi vulnerabilidad de una forma que puedo controlar, convirtiendo algo tan íntimo como el dolor en un objeto de belleza que otros pueden tocar sin herirme”, explicó Laura Rodríguez.

María Limón también habló de la poesía como máscara. “Un poema no tiene que ser todo cierto, te permite ambigüedad. Empecé a escribir porque había cosas que no sabía cómo hablar con mis amigas. ‘Los bordes’ gira en torno a cierta idea del cuerpo. Lo empecé enfadada y lo acabé triste, habla de preocupaciones sobre ser y estar en el mundo, ser mujer, dejar de ser creyente…”.

Por su parte Juan Gallego destacó cómo la poesía se desborda hacia otras artes, mencionando colaboraciones con músicos, bailarines y el mundo del flamenco. También sus inicios en la poesía con un blog y cómo ‘Oración en el huerto’ surge de una relación, mientras en su segundo poemario ‘Las cañadas oscuras’ nace a su vuelta a Sevilla y se encuentra una ciudad turistificada, subida de alquileres, una ciudad que te da la espalda. “Son asuntos difíciles de explicar pero que nos afectan emocionalmente y sobre eso escribo”.

Los poetas también hablaron sobre los nuevos formatos y las redes sociales. En un mundo digital, defendieron una relación híbrida con la tecnología. Con Instagram y blogs, las redes sociales han sido fundamentales para crear comunidades transnacionales; María Limón destacó cómo poemas compartidos en Instagram generan vínculos con lectores en México o Argentina.

A pesar de la inmediatez digital, los autores defendieron el libro físico como un sistema de validación y un espacio que permite el aburrimiento, la reflexión larga y la profundidad.

La charla ahondó también en el compromiso social de la literatura. Para estos escritores, toda literatura es política porque nace de cuerpos y contextos específicos.

Juan Gallego Benot explicó cómo su obra ‘Las cañadas oscuras’ aborda la gentrificación y la expulsión de la población gitana en barrios como Triana durante los años 60. “No hace falta un panfleto para ser político; basta con poner la mirada donde otros no quieren ver. Lo más revolucionario de la poesía hoy es que sobrevive fuera de la lógica del dinero”.

“La labor del poeta es mirar con ojos nuevos esas mismas temáticas, decir de otra forma lo que otros ya sienten”, añadió Laura.

“Toda literatura es política, porque todo lo que está en el mundo lo es”, sentenció María Limón.

No faltó la mención a las dificultades del sector: procesos editoriales lentos, rechazos constantes y la precariedad laboral que obliga a los autores a compaginar la escritura con múltiples trabajos.

“Como dice un verso que me guía: 'La poesía hace que nada ocurra, sobrevive'. No sirve para producir riqueza, sino para que nosotros, como seres humanos, sobrevivamos al sistema”, recordó Juan Gallego, sintetizando una jornada donde quedó claro que, para esta generación, escribir es, ante todo, un acto de supervivencia y curiosidad inagotable. 

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